9 factores que perjudican a tu creatividad

Si ya me conoces un poco sabrás que me gusta centrarme en lo positivo. Soy de las que creen en todo eso de la gratitud, el mindfulness, la inocencia infantil y que uno puede seguir recibiendo regalos de los Reyes Magos en la tercera edad.

 
Sin embargo, creo que por muy positivo que uno sea también es necesario ser consciente de las limitaciones para poder superarlas. Hasta que no conozcas los patrones que afectan negativamente a tu creatividad no sabrás todo lo lejos que puedes llegar.

 
Hoy quiero hablarte de cómo evitar caer en ciertas pautas negativas propias del mundo en el que vivimos, muchas de las cuales es probable que no conozcas. Aunque es un artículo «negativo», voy a dejarte consejos para sustituir hábitos y corregir errores, para que puedas sacarlo algo positivo y accionable.

Al final del artículo encontrarás un regalo que espero que te ayude a cambiar los hábitos y convertirte en un escritor más creativo.

Qué es la creatividad

La creatividad es la habilidad que te permite asociar dos ideas que no suelen aparecer juntas. Generar ideas nuevas no es más que combinar ideas ya existentes, y la capacidad de relacionar ideas que aparentemente no tienen nada que ver es lo que impulsa tanto la innovación artística como el desarrollo científico.

 

Para ser creativo necesitas permitirle a tu cerebro conectar información almacenada (conocimientos, experiencias, sensaciones) con información nueva. El cerebro ya hace esto naturalmente, pero el número y la calidad de las ideas resultantes depende mucho de lo que hagas en el día a día para ejercitar la creatividad o inhibirla.

 

En educación, por desgracia, el tipo de inteligencia lateral y asociativa no se valora tanto como la capacidad para memorizar grandes cantidades de información y evitar cometer errores. Si a esto le sumas que vivimos en una cultura donde se ensalzan la productividad, las distracciones y el consumo inmediato de entretenimiento por encima de lo demás, el resultado es que pierdes el contacto con tu creatividad innata.

La creatividad requiere despreocupación, transigencia y ocio, y hay un montón de creencias, malos hábitos y distracciones que la perjudican.

creatividad y cometer errores

Cuantas más «malas» ideas tengas, más cerca estarás de la idea ganadora. La creatividad es cuestión de números.

Los 9 factores que perjudican a tu creatividad

En esta lista se encuentran todos esos hábitos, acciones y formas de ver la vida que inhiben tu creatividad. Muchos de ellos pueden ser positivos tomados con mesura y conciencia, pero se convierten en negativos cuando fortalecen tu Resistencia a escribir. Por ejemplo, el perfeccionismo te ayudará a escribir tu mejor novela, pero solo en la etapa de revisión: si eres muy perfeccionista mientras aún estás desarrollando las ideas, no podrás poner más de dos palabras seguidas sobre el papel porque todo te parecerá insuficiente.

Las distracciones

Si no puedes disponer de veinte minutos para entregarte completamente a una tarea (escribir o planear tu novela), es imposible que entres en el estado de flow. El estado de flow es lo que hace posible que las palabras fluyan libremente y que te abandones al proceso durante horas, y entraña el mayor nivel de concentración y disfrute que puedes alcanzar desempeñando una actividad. El flow es la antesala del genio.

Las distracciones te sacan del estado de flow e impiden que te sumerjas en el trabajo creativo.

 

Una distracción que está en la vida de todos es el móvil. Las llamadas, las notificaciones de emails, los mensajes de texto y las novedades en redes sociales dificultan que entres en ese estado de flow, hacen que la escritura vaya a trompicones y que, justo cuando habías empezado a coger ritmo, alguna alerta la interrumpa.

 

Pero no son solo las notificaciones y los soniditos lo que van a interrumpirte, es el hábito que tienes de comprobar a cada momento el mundo de ahí fuera: si te han respondido el mensaje, si han visto tu nueva publicación, si han dado like a tus fotos…

 

Nos hemos habituado a vivir tan conectados que nos cuesta horrores separar un espacio de una hora en el que no estemos pendientes y disponibles para el otro.

El hábito de estar conectado inhibe tu creatividad porque saca a tu mente del mundo de fábula de tu novela para devolverla al mundo real y sus exigencias y satisfacciones inmediatas.

 

El móvil e internet son distracciones que te interrumpen pero también que buscas tú mismo. Si has escrito algo que crees que va a tener una repercusión en tu medio, y puedes ver la repercusión al momento solo con encender la pantalla, tu mente tenderá a distraerse pensando en ello y te sacará del estado de flow. A veces ni siquiera es necesario que esperes una respuesta: con saber que no has comprobado las redes en una hora empieza la ansiedad y la sensación de estar perdiéndote algo importante.

No hace falta que nos llamen o nos escriban, nosotros mismos somos los que más nos interrumpimos.

 

La capacidad de anteponer un «qué» y un «para qué» en nuestra relación con la tecnología nos permitirá ser más dueños de nuestro tiempo y nuestra atención, dando el espacio necesario a nuestras mentes para desplegar el resto de nuestras capacidades.
Ser digital: Hacia una relación consciente con la tecnología , Manuel Ruíz del Corral
Cómo evitar las distracciones:

Crea el hábito de ignorar todo lo demás mientras escribes. Romper un mal hábito no es tan fácil como formar uno nuevo, así que cuando sientas la urgencia de conectarte a Internet, sustitúyela por otra acción: estirarte o comprobar que estés bien sentado. Además de velar por tu creatividad estarás cuidando de tu cuerpo.

 

Al principio te ayudará encender una aplicación que inhabilite internet o las notificaciones (ColdTurkey, de escritorio, y SelfControl, para Chrome, ambas gratuitas).


Otra distracción mortal para tu creatividad es ir mirando el móvil mientras cruzas la calle.

La respuesta inmediata

La necesidad de buscar un dato del que no estás seguro o la urgencia de consultar una palabra que no sabes si has escrito bien son también un tipo de distracción porque te sacan de la tarea de escribir. La posibilidad de despejar la duda siempre está ahí, disponible en menos de un segundo.

Te distraes mientras escribes porque estás acostumbrado a la satisfacción inmediata.

 

Estamos habituados a encontrar la respuesta antes de haberle dado tiempo al cerebro a procesar la pregunta, y esto va en detrimento de la capacidad relacional del cerebro: darle vueltas a las cosas es, al fin y al cabo, un ejercicio de resolución de problemas. (Y, además, poder responder cualquier incógnita con un clic es el motivo de las reuniones familiares no hayan vuelto a ser tan vivaces como hace diez años.

 

La posibilidad de encontrar la respuesta a casi cualquier cosa tiene muchísimas ventajas, pero durante el acto creativo tiene consecuencias nefastas: interrumpe el flujo de ideas y, además, da pábulo al perfeccionismo.

 

Si te habitúas a dejar pasar una palabra que no es la más acertada y a utilizar un término comodín para designar algo sobre lo que tienes que investigar («en el periodo de la quema de brujas*» o «el barco hundido en la Primera Guerra Mundial*»), le estarás diciendo a la Sirena, tu parte crítica, que no la necesitas mientras escribes, pero que podrá ayudarte después.

 

(En este párrafo mismo me ha sucedido: durante un instante he pensado comprobar «pábulo» en el diccionario porque no estaba segura de que significase lo que yo creía; sin embargo, en vez de hacerlo, he dejado un asterisco junto a la palabra y he continuado).

 

Cómo evitar interrumpir la escritura con una consulta:

En lugar de dejarte distraer por la palabra que tienes que buscar o el dato que necesitas comprobar, déjate una nota al margen y realiza todas las búsquedas cuando termines de escribir.

 

Si además quieres asegurarte de que no se te pasa por alto, subraya el punto donde debes hacer la comprobación o utiliza un carácter especial en el procesador de textos (el mío es el asterisco *) y busca todos los asteriscos durante la fase de revisión.


Consulta el diccionario después, no mientras escribes.

El entretenimiento de mala calidad

Internet, el móvil y la televisión, además de ser distracciones que te sacan del estado de flow, también pueden perjudicar a tu creatividad si les permites coger demasiado espacio. Puesto que las ideas que tienes provienen de la información que recibas a lo largo del día y de la vida, estas herramientas de consumo de información debes usarlas en tu beneficio.

Dedicar mucho tiempo entretenimiento que no te aporta nada y después intentar hacer un trabajo creativo es el equivalente a alimentarse de comida basura para correr una maratón.

 

Podríamos entrar aquí en discusiones sobre entretenimiento «bueno» y «malo», pero para mí no se trata de emitir juicios, sino de que tú mismo emplees tu capacidad crítica para valorar lo que te aporta y lo que no.

 

La calidad del producto de entretenimiento depende de la manera en que lo consumas y de lo que hagas con él. Si te inspira ver a los tertulianos en el Sálvame Deluxe lanzarse pullas para escribir intrigas de corte medieval, nadie va a juzgarte. Y si James Joyce y su Ulises te resultan infumables, tampoco nadie va a decirte nada (seguramente más de una mano de la audiencia de este artículo se levante, la mía incluida).

No se pueden leer demasiado pocos libros malos ni bastantes buenos: los libros malos son como veneno intelectual; destruyen la mente. Arthur Schopenhauer

Schopenhauer exagera un poco, no tienes por qué eliminar completamente los libros «malos». Si estás presente mientras consumes un libro mediocre o ves el Gran hermano puedes hallar gemas escondidas: qué engancha tanto de ese libro mal escrito, qué tienen las voces chillonas y el destape emocional que provoca tantas pasiones.

 

El entretenimiento «malo» es un problema cuando lo consumes frecuentemente sin aplicar la capacidad crítica ni la observación. En estos casos se suele aliar con la procrastinación, porque este tipo de entretenimiento es cómodo y exige poco de ti, y lo que la procrastinación busca es encontrar un refugio confortable lejos del trabajo más exigente: es un recurso de la Resistencia.

 

Cómo utilizar bien el entretenimiento:

Seguro que hay libros, programas, películas, que pasan por ti sin dejarte nada positivo, ni apenas un recuerdo, con los que no conectas a nivel intelectual ni emocional. Analiza por qué es así y decide si deben tener lugar en tu vida como persona creativa.

 

De igual modo, haz un repaso a los productos de entretenimiento que sí te han dejado huella y busca otros similares, o atrévete con algo completamente nuevo. Disfruta del entretenimiento que te ofrecen y, de paso, alimenta tu creatividad con ellos.


¿Es esto «buen entretenimiento»? Depende, ¿te gusta leer ciencia ficción?

Echar a perder la energía del despertar

Si quieres beneficiarte de la riqueza del inconsciente debes aprender a escribir de forma fluida cuando el inconsciente está en ascenso.

La mejor manera de lograrlo es levantarse media hora o una hora entera antes de lo que estás habituado. Tan pronto como puedas –y sin hablar, leer el periódico ni recoger el libro que tienes sobre la mesita de noche– empieza a escribir.
On Becoming a Writer, Dorothea Brande

Al despertar te encuentras en uno de los momentos más creativos y de más energía del día, incluso si te levantas tan zombi como yo. Es por eso que Brande recomendaba escribir nada más despertarse, y tenía mucha razón.

 

Sin embargo, lo que la mayor parte de nosotros hacemos es empezar el día comprobando el mundo exterior.

 

Te despiertas y ves que tienes dos emails por responder, uno de un cliente importante que necesita una respuesta para hoy, y otro de tu madre, que aunque no es tan urgente, siempre te estresa un poco. Compruebas también el Whatsapp, donde tus amigos han enviado a diestro y siniestro chistes malos, vídeos de gatetes y noticias escandalosas de lo mal que va el país.

Si lo primero que haces cuando despiertas es comprobar el móvil, estás desviando tu energía a las exigencias de otras personas.

 

Esa energía se va a ir en responder a esos mensajes o en preocuparte por ellos mientras empiezas el día, en lugar de disfrutar de la mañana y divagar sobre tu novela o sobre el fantástico sueño que has tenido, para luego ponerte a trabajar con la batería al 100%.

Para ser un escritor creativo debes poner la creatividad por delante de (casi) todo lo demás.

 

Sé que es difícil dejar de comprobar que todo va bien en el mundo antes de sentarte a escribir, sobre todo cuando el hábito está muy arraigado, pero si hay un propósito que debas hacerte para el Año Nuevo –o, mejor, para mañana mismo–, es el de dedicarte a ti primero y después al mundo: no hay ningún email que no pueda esperar una hora (y si es una urgencia mayor, ten por seguro que alguien te llamará).

 

¿Cómo aprovechar al máximo la energía de la mañana?

Si escribes por la mañana, olvídate del móvil hasta que hayas finalizado tu trabajo creativo. Si te angustia que te necesiten inmediatamente, hazles saber a tu jefe, amigos y familia que pueden llamarte si es urgente. Si aun así alguna urgencia te ronda la mente, apúntala en tu libreta de «para luegos» y asegúrate de que le prestas atención después.

 

Incluso si no tienes tiempo para escribir por la mañana, puedes cosechar esta creatividad temprana escribiendo unas notas breves sobre tu novela o sobre lo que has soñado desde la cama mismo. En Escribirr.com Álvaro te cuenta más sobre las páginas matutinas.


Escribir nada más despertar puede convertirse en tu mejor hábito.

El culto a la productividad

¿Sabes qué otra cosa puede ser negativa? Trabajar demasiado, sin descanso, y ocupar todo el tiempo en actividades productivas.

 

Si todo lo que haces debe ir respaldado por una utilidad práctica, le arrebatas la espontaneidad a la vida: dejas de tomar caminos alternativos porque son más largos; no entras en una librería porque tienes demasiados libros que leer; no echas a correr solo porque te lo pide el cuerpo; rechazas la invitación de ir a una charla sobre retablos góticos porque, sinceramente, no te gustan ni los retablos ni el arte gótico (y tus razones serían perfectamente comprensibles, yo tampoco iría).

 

Si todo lo que haces debe estar respaldado por el culto a la productividad de esta sociedad, ¿cómo vas a darle a la Musa el espacio que necesita para soñar despierta?

 

Pero si siempre tienes una razón para volver a la rutina o para rechazar algo nuevo porque no te aporta un beneficio inmediato, vas a perder las mejores oportunidades de nutrir a la Musa de ideas nuevas.

 

¿Cómo escapar del culto a la productividad?

Permítete soñar despierto y «no hacer nada» en las horas muertas. En vez de sacar el móvil mientras estás en la cola del súper, dedícate a empanarte.

 

Escucha a tu cuerpo cuando te dice que pares y no intentes reemplazar el trabajo que te ha saturado por un tipo de trabajo diferente: simplemente descansa. Túmbate en la cama y échate una siesta, ve a pasear, medita, mira las musarañas.

 

Haz algo solo porque te apetece, aunque no te aporte un beneficio cuantificable.

 

No te juzgues por «no estar haciendo nada». Recuerda que la inacción, el ocio, el aburrimiento, etc. son para tu cerebro nutrientes tan necesarios como la productividad.


Demasiada productividad hace que la vida pierda color y aparezcan móviles antiguos sobre la mesa.

Las estructuras conceptuales y los supuestos

A medida que aprendes sobre los sistemas que rigen el mundo a nivel físico, social, económico, etc., dejas de sorprenderte sobre lo que experimentas día a día. Y cuando dejas de sorprenderte, también dejas de prestar atención y de deleitarte con la complejidad interna de todo lo que das por sentado (el sistema de alcantarillado, el movimiento de los planetas, los cables transoceánicos que nos conectan de parte a parte del mundo, la infinita variedad de los copos de nieve…).

 

Para el niño, todo es nuevo y susceptible de misterio. No da por supuesto nada porque todavía no se ha formado los conceptos: le sorprende el cartero empujando su carro, y la idea de que alguien envíe cartas al buzón de casa, y que esas cartas puedan ser facturas porque el interruptor de la luz consume dinero, ese extraño material que brota de los bolsillos de sus padres. Y ese misterio es lo que sustenta su creatividad.

 

La creatividad puede nutrirse de una visión liberada momentáneamente de las estructuras conceptuales, como la visión de un niño que no está seguro de cómo funciona el mundo. Si, por ejemplo, dejas de presuponer que el sexo de una persona es algo fijo, puedes imaginar un mundo como el de Gethen en La mano izquierda de la oscuridad. Si no piensas que una ciudad deba ser algo fijo y estable, puedes concebir la ciudad ambulante de Un mundo invertido.

Si estás dispuesto a replantearte lo que sabes e imaginar que podría ser de otra manera, tendrás en tus manos una de las herramientas más potentes de la creatividad.

 

Cómo suspender temporalmente las estructuras mentales:

Simplemente proponte hacerlo. Eliminar los supuestos puede ser como un juego al que entregues de vez en cuando. Observa tus ideas o el mundo físico que te rodea y examina lo que das por hecho. Ahora cuestiónalo, juega con el supuesto, dale la vuelta.

 

Amplía tu base de conocimiento leyendo libros o viendo canales de divulgación. Déjate inspirar por lo que otros han escrito basándose en la ruptura de algunos supuestos, que es el germen de la mayor parte de la ciencia ficción y la fantasía.


«¿Y si pudiéramos resucitar a los dinosaurios?» Ya vale, por favor, de preguntarse siempre lo mismo; con una peli bastaba.

El perfeccionismo

El perfeccionismo es una cualidad que hace que quieras ver tu relato en el mejor estado posible. Es muy positivo cuando te encuentras en las últimas fases de revisión, pero puede inhibir la parte de ti que necesita libertad para explorar, tu parte creativa, que es la parte que tiene el control mientras escribes.

La creatividad necesita libertad de acción y la seguridad de que puedes experimentar sin temor.

 

Los niños no son perfeccionistas por naturaleza, les volvemos perfeccionistas a base de criticar cuando fallan en un punto, en lugar de señalar los otros nueve en que lo ha hecho bien. Aun así tienen una resistencia asombrosa, y hace falta una influencia muy insistente y poderosa para que dejen de explorar y empiecen a necesitar que les guíes paso a paso para no salirse de los establecido.

 

Pero la creatividad de los niños se nutre de la despreocupación y de la experimentación. Si añades perfeccionismo a la mezcla, no se les ocurrirá nunca hacer una nave espacial a partir de un castillo, porque en la caja de Legos sale un castillo y eso es lo que seguro que podrán hacer bien con las piezas que tienen. Y nos perderíamos una fantástica nave con aspilleras para disparar flechas.

Si juzgas el primer borrador como si fuera un trabajo publicado, jamás publicarás nada.

 

La única manera de que hagas tu trabajo sin errores es que hagas algo que ya has hecho antes y dominado a la perfección. O bien que te quedes con la idea y no la lleves jamás a la práctica, no te sientes jamás a escribir a intentar plasmarla sobre el papel.

 

Cómo suspender temporalmente el perfeccionismo:

Lo primero es adquirir consciencia de lo que te está paralizando. ¿Estás escribiendo el primer borrador y no dejas de reescribir la misma frase? Suelta la tecla de retroceso y déjala estar: ya la revisarás más adelante. Tu primer cometido debe ser sacar la historia afuera; las palabras precisas llegarán después.

 

Si te resulta muy difícil, «ciégate»: escribe con letras blancas sobre un fondo blanco en tu procesador de textos, o tápate los ojos si prefieres el papel. El truco está en no ver para no poder dar marcha atrás.

 

Otro truco en el que insisto mucho es el de dejarse notas: si sabes que una palabra no es correcta o que necesitas investigar sobre métodos de infiltración digital porque te estás sacando una escena de hackers de la manga, déjate una nota promisoria y revísala cuando corrijas.


¡Doble perjuicio! El sistema educativo y el Whatsapp.

El miedo y la Resistencia

El miedo y la Resistencia son, en realidad, la misma cosa. La Resistencia es la fuerza que tira de ti en dirección opuesta a tus sueños y tu vocación. El motor de la Resistencia es el miedo: a equivocarte, a resultar ser peor escritor de lo que creías, a que tu idea no sea buena, a que te lea tu familia y piensen mal de ti… e incluso a tener éxito, porque el éxito también es un cambio y lo que nos atemoriza es alterar en cualquier medida nuestra vida acomodada.

 

Sobre este tema he escrito en Qué es y cómo vencer a la Resistencia a escribir, por lo que te recomiendo que te pases por él si sientes que la Resistencia es la fuente de todas tus excusas, procrastinación, falta de tiempo, proyectos inacabados, etc. Incluso si no crees que sea así, te recomiendo pese a todo que lo leas, porque la Resistencia nunca se vence del todo y nos afecta a todos en mayor o menor medida: es una parte natural del proceso creativo.

Saber demasiada teoría

Este último factor es curioso y frustrante.

 

Echando la vista atrás reconozco que cuando era más joven escribía muchas más palabras por sesión, cantidades ingentes, pero la verdad es que muchas eran atroces y que no mucho puede rescatarse de esos viejos manuscritos. Pero aunque no sabía nada, mi yo adolescente era confiada y entusiasta, y estos atributos los perdí cuando me di cuenta de que lo estaba «haciendo mal».

 

Conocer la teoría de la narrativa, las reglas que gobiernan la estructura de la novela y todos los errores que pueden llevar a que una historia fracase es un arma de doble filo, ya que puede sucederte que te paralices delante de la hoja en blanco.

Cuando intentas mantener demasiadas reglas en la cabeza reprimes la creatividad.

 

A mí me ha pasado y aún me pasa. Sé que lo que estoy escribiendo es un desastre, me frustro porque el diálogo es artificioso, me extiendo demasiado con la voz interior, descubro que la escena no tiene un propósito,.. Saber que fallo en todo esto inhibe lo que quiero escribir naturalmente y, por tanto, a la Musa.

 

Cuando intentas aplicar todo lo que has aprendido sobre gramática, caracterización, efectos poéticos, estructura narrativa, ritmo de las escenas… de una sola vez y buscando la perfección, los dedos se paran o masacran la tecla de retroceso porque sabes que estás fallando aquí, allí y más allá.

 

Todo este conocimiento que has acumulado de muchas lecturas y libros sobre técnica –y me ilusiona pensar que quizá también de algunos artículos de mi blog– te servirá más adelante cuando corrijas, y también de forma pasiva mientras escribes, porque siempre hay una parte de ti que asimila la técnica de forma inconsciente y la aplica sin avisar. Pero la técnica que aún no hayas asimilado no intentes forzarla mientras escribes, pues solo hará que obstaculizar el flujo de ideas.

 

Cómo evitar que la teoría se ponga en tu contra:

Olvídate de la teoría mientras escribes. Cuando la Musa te habite, debes ignorar a la Sirena y todo su conocimiento teórico y dejarte llevar por la imaginación. Utiliza las herramientas que te he señalado antes: escribir a ciegas y dejarte notas.


Esta montaña de libros de teoría te ayudará a escribir más adelante, durante la revisión. Por ahora, relájate y escribe.

Cómo eliminar un hábito negativo que afecta a tu creatividad

¿Sabías que eliminar un hábito cuesta más que formar uno nuevo? Pues sí, así es, pero no empieces a agobiarte todavía: resulta que puedes aprovecharte de esa relativa facilidad que tenemos para crear un nuevo hábito y sustituir un hábito viejo y negativo con uno nuevo más positivo (si has dejado de fumar o conoces a alguien que lo haya hecho, seguro que has visto eso de sustituir el tabaco por chicles).

 

Aquí abajo te dejo una charla TED muy esclarecedora sobre los patrones cerebrales que nos llevan a crear hábitos y cómo puedes utilizarlos en tu beneficio. Te sorprenderá.

 

Mi regalo: el calendario de hábitos

Para ayudarte a quitarte de algunos hábitos y crear otros nuevo y más positivos he preparado este Calendario de Hábitos del 2018 en Google Spreadsheets.

 

El calendario está basado en la teoría de que son necesarios 66 días de media para formar un nuevo hábito. Depende del hábito, de la persona y de la frecuencia con que logres dedicarte a él, llevará más o menos tiempo, pero 66 es una buena estimación.

 

Con el Año Nuevo siempre decimos que queremos cambiar esto, lo otro y lo de más allá, todo a la vez y exigiéndonos demasiado. Al final, la vida sale ganando y nuestros propósitos se van al garete, porque se nos da fatal juzgar la altura a la que debemos poner el listón.

 

Así que con este calendario tendrás unos objetivos sanos y fáciles de cumplir: 66 días por hábito, empezando muy poco a poco, para que pueda fijarse en tu rutina antes de pasar al siguiente. Cinco hábitos en total para este año.

¿Cuál será el primer hábito que crees? ¿Qué tal escribir todos los días, aunque sea 10 minutos?

 

 

Para poder utilizar el calendario puedes copiarlo a tu unidad de Google Drive desde Archivo > Crear una copia o bajarlo como archivo de Excel o PDF si vas a Archivo > Descargar como.

 

En la plantilla verás que hay hueco para cinco hábitos, y que cada hábito nuevo empieza después de los 66 días del anterior. Si eres una persona ansiosa que lo quiere hacer todo ya (como yo), estos límites te vendrán bien, y saber que tienes solo cinco hábitos te ayudará a concretar tus objetivos para este año. Más vale hábito en mano que ciento volando, dicen.

 

Los días en amarillo clarito son los que necesitas para llegar a los 66 de media; en naranja, el día de inicio y fin de fijación de cada hábito: si llegas aquí sin ninguna falta, probablemente hayas conseguido asentarlo. Para marcar cada día puedes rellenar la casilla de verde. Continúa con el hábito después de llegar a la meta: te costará mucho menos cada vez.

Conclusión

Este artículo lo he escrito especialmente para el Año Nuevo, pues parece que en estas fechas estamos más dispuestos a examinar nuestra vida y plantearnos cómo podemos cambiarla, pero tú puedes crear hábitos nuevos y más positivos desde este mismo instante.

 

A este artículo negativo le sigue otro positivo, no te preocupes. Examinaremos juntos qué es lo que hace a un escritor creativo y cómo puedes cultivar esas facetas en tu vida. Nos vemos pronto.

¿Y tú, qué hábito negativo vas a cambiar para ser más creativo?


About the Author

Marta Tornero Rubio

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Marta Tornero Rubio es asesora literaria y correctora en WriterMuse, donde comparte herramientas, recursos y estrategias para escribir con toda tu creatividad. Si te bloqueas al escribir o el resultado te desanima, pásate por WriterMuse; escribir tu mejor novela está a tu alcance. Apúntate a su centro de recursos de escritura creativa para saber cómo.

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8 Comments on “9 factores que perjudican a tu creatividad”

  1. Fantástico artículo, Marta. Rezuma sabiduría. De entrada, voy a aplicar el asterisco para que me libere de la necesidad de eliminar las dudas mientras escribo. Sin embargo, aunque me gustaría, no puedo aprovechar la energía matutina por cuestiones familiares, aunque podría empezar a escribir antes de lo que lo vengo haciendo. Pero tampoco voy a hacerlo porque he comprobado que me sienta bien leer algo de ficción antes de escribir, sobre todo si es de alguno de mis autores preferidos. Es como si se me cargara el depósito, tanto de combustible de ideas como de ganas de escribir.

    Muchas gracias por tus recomendaciones.

    Saludos.

    1. Hola, Javier:

      ¿Sabiduría? Me halagas, pero creo que son muchos tropiezos seguidos los que me hacen escribir un artículo así. 🙂

      No hace falta que escribas para poder aprovechar esa energía; de hecho, hay muchos escritores que por las razones que sean tienen que o prefieren escribir a otras horas: si te funciona, está bien. Lo que sí puedes hacer es utilizar (o al menos no sofocar) esa energía para pensar en la historia y dejarte llevar por tus ensoñaciones. Ese pequeño gesto condiciona más el día de lo que pensamos, porque pone en un primer plano tu faceta creativa, aunque no puedas atenderla ahora con una buena sesión de escritura.

      Un abrazo y gracias por pasarte y dejar tu comentario con tu experiencia.

      Marta

  2. Últimamente estoy batallando contra las distracciones. Aunque soy una persona que escribe mucho todos los días, me está costando centrarme en lo que debo hacer. Muchas tareas pendientes, muchas llamadas por hacer y personas por atender. Creo que aplicaré lo de despertarme mucho más temprano y olvidarme del móvil. Me ha servido tu post para darme cuenta de ciertos hábitos propios que es mejor ir erradicando en principios de año antes de que empeoren.

    Un abrazo, Marta!

    1. Hola, Miguel!

      Creo que lo de las distracciones nos pasa a todos, es congénito a esta sociedad y los hábitos que nos formamos. Tengo pendiente escribir un post sobre un libro que me ha marcado mucho al respecto.

      A mí me ayuda en esos casos un montón escribir esas cosas que me pululan por la cabeza y no me dejan concentrarme para escribir. Suelen ser cosas que temo olvidar o que tengo que hacer sí o sí ese día, y por eso cuando las pongo por escrito de alguna manera las exorcizo. Siempre tengo a mano una libreta o papeles sueltos para anotar lo que me está distrayendo. 🙂

      Un abrazo y gracias por pasarte!

  3. Pingback: Las 9 cualidades de un escritor creativo | WriterMuse

  4. Es la primera vez que cuando leo un post de repente descubro mi nombre y mi blog mencionados, ¡me ha pillado por sorpresa! :O

    Muchas gracias por la mención, por el artículo, y por el calendario. Nunca había visto —ni pensado— que se pudiese crear un calendario en Excel. A ver si me aplico el cuento y escribo por las mañanas, que últimamente escribo a trompicones y cuando encuentro un hueco. 🙂

    ¡Un abrazo!

    1. Jijiji, de nada, Álvaro! Me alegra que te sirva.

      Yo soy muy Excélica. Me encanta las posibilidades que tiene, lo versátil que es y que no tiene por qué ser una hoya rayada con números, se puede hacer un Excel agradable a la vista y todo.

      Un abrazo! 🙂

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