Aprende de Crepúsculo (lo bueno, que lo hay)

Este artículo pertenece al proyecto WriterMuse: creatividad para escritores, que finalizó en septiembre 2018. Encontrarás todos los artículos publicados bajo la etiqueta WriterMuse. Si te preguntas qué fue de WriterMuse, he escrito un artículo para contártelo; en el mismo podrás bajarte, además. todos mis recursos de escritura creativa.

¿Se puede aprender a escribir mejor utilizando libros… ¿malos? ¿mediocres? Yo creo que sí, desde luego, pero hay que hacerlo con cautela, utilizando la lectura crítica, y tratando de ser lo más objetivos posible.

 

Leí Crepúsculo hace algunos años como parte de un grupo de crítica que habíamos montado algunos alumnos de primero de carrera para ver de qué iba eso y por qué tenía a tantos enganchados. Las pelis no estaban aún. La primera lectura me resultó bastante fácil, las páginas se sucedían rápidamente. Es cierto que leía por encima y me saltaba las partes que correspondían a las «amistades» de Bella, pero he de decir que me tuvo entretenida.

 

Sí, leí Crepúsculo y no lo odié, he de admitirlo. Puedes borrarme de tu historial de búsqueda ahora y por los siglos de los siglos. (Si odiar Crepúsculo es lo aceptable y popular, ¿esto me convierte en hipster?)

 

Supongo que era el equivalente a ver una de esas comedias románticas malas y sensiblonas y que sin embargo funcionan: te mantienen pegado a la pantalla mordiéndote las uñas y preguntándote cuándo acabarán juntos, quién se declarará primero y cuándo se van a acostar de una vez por todas.

 

Estas son algunas de las preguntas esenciales del género romántico que, si es tu género o quieres que haya una parte de romance en tu historia, debes plantearte alguna vez. Y, sobre todo, intentar responderlas de manera que el lector esté satisfecho y sorprendido al mismo tiempo, lo cual no es fácil.

 

(Y no digo que Crepúsculo lo logre, lo de sorprender, pero sí que genera intriga suficiente.)

Salvedad

No voy a entrar a hacer una crítica feminista, y no porque no esté de acuerdo con los argumentos, sino porque gente más instruida que yo ha analizado el libro y los mensajes que transmite a chicos y chicas en una edad vulnerable.

 

Por cierto, que no todo es negativo: leí una crítica recientemente que hablaba del sexo y cómo Crepúsculo enseñaba que los hombres también podían preferir esperar (Edward) y que las mujeres pueden tener un apetito sexual fuerte (Bella). También sobre el consentimiento ha mostrado que debe ser explícito, pues Jacob interpreta mal a Bella y la besa contra su voluntad, y ella toma una posición clara al respecto. ¡Bien por Bella! (Mal por algunas otras cosillas…)

El lenguaje de Stephanie Meyer

He marcado con una X todo lo que NO debes hacer. Más abajo verás lo positivo, lo que sí funciona, aunque no tiene por qué ser aplicable a tu novela.

Abuso del diccionario de sinónimos

Crepúsculo cae en la pretensión de tratar de parecer literario y también intenta no caer en la repetición. En ambos casos los sinónimos no son la solución, porque chirrían con la voz normal de una adolescente. Una solución aceptable podría ser variar la escena, eliminar la repetición que se intenta evitar o utilizar la palabra más simple y adecuada, aunque se haya usado antes.

 

En el párrafo de abajo Meyer se explaya sobre el brillo que emite Edward a la luz del sol. En negrita te señalo las repeticiones del concepto de brillo:

A pesar de un tenue rubor, producido a raíz de su salida de caza durante la tarde del día anterior, su piel centelleaba literalmente como si tuviera miles de nimios diamantes incrustados en ella. Yacía completamente inmóvil en la hierba, con la camiseta abierta sobre su escultural pecho incandescente y los brazos desnudos centelleando al sol. Mantenía cerrados los deslumbrantes párpados de suave azul lavanda, aunque no dormía, por supuesto. Parecía una estatua perfecta, tallada en algún tipo de piedra ignota, lisa como el mármol, reluciente como el cristal.

Lenguaje rebuscado

En ocasiones Bella pierde su voz adolescente y utiliza palabras excesivamente cultas (efecto secundario del diccionario de sinónimos, como has visto también en el ejemplo de arriba). El narrador es Bella, no un trovador occitano del siglo XII, y Bella no habla así, por mucho que lea Cumbres Borrascosas. Su voz no debería ser tan distinta cuando habla con otros personajes de cuando narra sus aventuras.

Me desperté con esperanzas renovadas que intenté suprimir con denuedo.
(…) la rutilante melena pelirroja de la chica estaba llena de hojas y otros restos del bosque.
Era el mismo exquisito aroma que emanaba de la cazadora.

Ritmos inapropiados

Muchas escenas de acción resultan confusas porque el ritmo contradice lo que está pasando. Estas escenas se caracterizan por tener mucho movimiento e interacción entre personajes o entre personajes y cosas. Meyer no sabe aplicar correctamente el ritmo y amontona subordinadas que nos descolocan y ralentiza la acción con adjetivos innecesarios, como asfalto helado.
 
No tienes que escribir todas tus escenas de acción con frases de siete palabras, pero sí que es recomendable que haya una alternancia que se corresponda con momentos de máxima tensión (frases cortas) y breves respiros o suspense mediante oraciones más complejas. En ficción no hay un decálogo escrito en piedra, pero sí recomendaciones que se dan porque son convenientes y aplicables a la mayoría de los casos.
 
Si no, puede pasarte lo que a Meyer. Los párrafos que siguen están plagados de frases excesivamente largas y apelotonadas, con pocas variaciones de ritmo, y a mí me cuesta seguir lo que pasa y mucho más sentir ninguna tensión:

Pero en aquel momento tenía más importancia una furgoneta azul oscuro que patinaba con las llantas bloqueadas chirriando contra los frenos, y que dio un brutal trompo sobre el hielo del aparcamiento. Iba a chocar contra la parte posterior del monovolumen, y yo estaba en medio de los dos vehículos. Ni siquiera tendría tiempo para cerrar los ojos.

Algo me golpeó con fuerza, aunque no desde la dirección que esperaba, inmediatamente antes de que escuchara el terrible crujido que se produjo cuando la furgoneta golpeó contra la base de mi coche y se plegó como un acordeón. Me golpeé la cabeza contra el asfalto helado y sentí que algo frío y compacto me sujetaba contra el suelo.

Me imagino cómo sería con frases más cortas y en staccato, que representen una acción más vertiginosa:

Escuché unos frenos chirriando. Una furgoneta azul oscuro patinaba hacia mí a toda velocidad. Las llantas estaban bloqueadas. El suelo del aparcamiento estaba helado y los neumáticos no conseguían agarrarse. Vi cómo la furgoneta daba un brutal trompo. Iba a chocar contra la parte posterior del monovolumen, y yo estaba en medio de los dos vehículos. Ni siquiera tendría tiempo para cerrar los ojos.

Algo me golpeó con fuerza, aunque no desde la dirección que esperaba, y después escuché el terrible crujido que se produjo cuando la furgoneta chocó contra la base de mi coche y se plegó como un acordeón. Me golpeé la cabeza contra el asfalto y sentí que algo frío y compacto me sujetaba contra el suelo.

Ay, las analogías

«Fríos como témpanos», «negros como el carbón», «blanco como la porcelana», «roja como un tomate»… Por favor, Meyer, si vas a utilizar una frase tan sobada que haga que incluso los gatos, que no entienden humano, se ericen y bufen, por favor, introduce ironía, sorpresa, ponlo en boca de alguien, sé moderada.

 

Esas comparaciones son compañeros de celda que ya no se soportan, o parejas tan hermanadas que ya no los soportamos los demás. Deberíamos enterrarlos desde ya para que los arqueólogos del siglo XXV se topen con una copia de Crepúsculo y piensen que es lo más original que han leído en su vida.

Incoherencias

Nos cuenta el narrador (Bella) de sí misma que carece de sentido de la orientación, pero algo más tarde utiliza los puntos cardinales para describir cómo transita por la calle. También nos explica que su madre es su mejor amiga, pero en los e-mails que se escriben ella se muestra escueta y formal como si le escribiera a un enemigo no declarado ante el que tiene que mantener las apariencias.

Parlamentos sobrecalificados

Meyer añade demasiada información sobre las voces y los gestos a cada parlamento de los personajes. Esto es señal de que las palabras no son suficiente para transmitir el tono de la conversación.

 

Aquí te dejo un extracto con cada caso subrayado; quítale el adjetivo y cambia los verbos de habla por un simple «dije» y verás el resultado. En ocasiones mejora bastante, pero en otras se queda vacío porque las palabras no comunican el tono.

—Jamás digas eso —espetó con dureza y en voz baja.

Me mordí el labio, contenta de que no supiera cuánto dolía aquello.

Contemplé la carretera. Ya debíamos de estar cerca. Conducía mucho más deprisa.

—¿En qué piensas? —inquirió con voz aún ruda.

Me limité a negar con la cabeza, no muy segura de que fuera capaz de hablar.

—¿Estás llorando?

No me había dado cuenta de que la humedad de mis ojos se había
desbordado. Rápidamente, me froté la mejilla con la mano y, efectivamente, allí estaban las lágrimas delatoras, traicionándome.

—No —negué, pero mi voz se quebró.

Le vi extender hacia mí la diestra con vacilación, pero luego se contuvo y lentamente la volvió a poner en el volante.

—Lo siento —se disculpó con voz pesarosa.

Supe que no sólo se estaba disculpando por las palabras que me habían perturbado. La oscuridad se deslizaba a nuestro lado en silencio.

—Dime una cosa —pidió después de que hubiera transcurrido otro minuto, y le oí controlarse para que su tono fuera ligero.

La voz adolescente de Bella

Bella tiene una voz adolescente distintiva, con la que el público ideal de esta novela (chicas jóvenes) se puede sentir identificado, sobre todo si tiene las hormonas alborotadas y los sentimientos a flor de piel.

 

Aunque se puede criticar a Meyer por muchas cosas, no se puede decir que se reprimiera ni que escribiera para otro que para sí misma: todo lo que lleva dentro lo saca sin pudor ni temor, y retrata fielmente los excesos asociados al primer amor.

Lenguaje fácil de seguir

El lenguaje no interfiere con la trama, no te obliga a volver unas líneas atrás para entender algo confuso ni hace que te detengas a admirar una expresión inusitada. Está escrito correctamente, sin faltas ni requiebros. Muchos lectores de Crepúsculo dicen que les gusta el lenguaje de Meyer precisamente por eso, porque no llama la atención sobre sí mismo y les conduce a través de la historia sin sobresaltos. Yo creo que eso es un punto positivo, pero depende del tipo de literatura que escribas.

Las descripciones en Crepúsculo

Las coloco aparte del lenguaje, aunque formen parte de él, para dedicarles el espacio que se merecen y poder analizar parte por parte lo que no funciona. Me temo que por mucho que me estruje la sesera no encuentro nada positivo que decir sobre estas, salvo que no interfieren demasiado con la trama y se pueden pasar por alto sin que nada se pierda.

 

Las descripciones de Meyer son blandas, y en ellas abundan adjetivos innecesarios, por evidentes o repetidos. Por otro lado, resultan mecánicas, como si fuera tachando una lista de elementos propios de un paisaje determinado, y parecen divorciadas de los personajes que experimentan estos lugares, como si Meyer se viera en la obligación de describir el escenario para situar al lector en algún sitio, por no hacer que la comedia suceda en el proscenio con un telón de fondo blanco (o verde, para el CGI de Hollywood).

 

He revisado y anotado la siguiente descripción para que os hagáis una idea. Lo subrayado en amarillo es un elemento repetido innecesariamente. En azul subrayo la anteposición de adjetivos, que se vuelve pesada y acaba perdiendo el lirismo que pretende lograr.

 

La playa de Crepúsculo. Te propongo un ejercicio: descríbela sin usar adjetivos antepuestos ni la palabra «gris».

Ahora sí, lo bueno

Crepúsculo lo han leído tropecientos millones de personas, así que tiene que haber hecho algunas cosas bien, y es posible que puedas aprender algo útil para tu escritura, aunque no escribas género romántico con vampiros. Esto es lo que, a mi ver, Crepúsculo hace bien:

 

Introduce un buen gancho

«Nunca me había detenido a pensar en cómo iba a morir». Ya queremos saber cómo va a acabar en una situación tan peligrosa esa chiquilla de vida absolutamente anodina.

Actualiza el mito del vampiro

Introduce una nueva visión sobre los vampiros, según la cual no se esconden del sol porque les haga daño, sino porque brillan a la luz. A mí esto me parece «brillante» (*guiño, guiño*) porque sirve dos propósitos: uno, reinventa el mito dándole una solución aceptable e inesperada; dos, los coloca en el lado de los buenos y los seres mágicos que se esconden para evitar interactuar con los humanos por su propio bien, y por tanto Edward no es tanto una aberración como un mágico ser incomprendido, como un unicornio.

 

Aunque no me guste más esta interpretación del mito, es positivo que Meyer haya introducido algo propio y en consonancia con el mundo que ha creado, y tú también puedes reinterpretar una mitología para darle una vuelta interesante.

El atractivo del chico malo, versión adolescente

Stephanie Meyer juega con el concepto de chico malo pero sin mojarse demasiado, manteniendo a raya la verdadera maldad, mostrando solo lo aceptable y justificable. Esto proporciona a las adolescentes que lo leen una fantasía «segura» dentro de los confines del libro (porque los verdaderos chicos malos no se limitan a controlarte y seguirte por tu propio bien, como parece que hace Edward con Bella).

 

Aun así, Meyer tiene que darle algo de chispa, de mala gaita, aunque sea aparente, y para ello emplea la provocación y las amenazas (que nunca se cumplen). También se aprovecha de la consabida incomprensión: un acto se puede interpretar como una maldad o como odio, pero en realidad hay una buena justificación detrás, como la repulsa inicial de Edward hacia Bella, que pretende protegerla de sí mismo.

Hace uso de extremos para darle emoción

Los extremos como el amor y el odio sirven para crear un abanico amplio de emociones, de modo que la lectura se experimente como una montaña rusa. Va desde el aparente odio y repulsión que le profesa Edward a Bella al principio al amor más apasionado, o más bien hormonado, propio de dos adolescentes. Este juego de amor y odio que nos hace tanto mal en la vida real es muy útil en literatura porque garantiza emociones fuertes en el lector, que da bandazos de un lado a otro y se impacienta porque los héroes se reúnan felizmente.

 

Cuidado, tampoco hay que pasarse ni recomiendo que escribas tu novela utilizando la progresión amor-odio para darle más salsa. Creo que hay más fuerza expresiva en los grises intermedios (y no me refiero a 50 sombras de Gray). El amor puede ser a veces un tsunami, pero un tsunami es algo bruto y basto que arrasa con todo y sobre lo que se ha escrito con exceso de dramatismo; sobre lo que sí se puede escribir con elegancia es sobre las fluctuaciones del día a día, los pequeños miedos y los rencores escondidos. Sin embargo, para un público adolescente que se ve envuelto en ese tsunami hormonal, el libro de Meyer es realmente acertado.

El marco de la novela es apropiado

Aprovecha el ambiente de su público ideal para crear una fantasía con la que las adolescentes puedan sentirse identificadas. No hay entorno mejor que la escuela para esta fantasía, pues es el catalizador de la mayoría de los tempranos deseos juveniles, y millones de chicas han sentido que estaban «a treinta centímetros, sin poder hablar» del chico ideal sentado en el pupitre de al lado.

Bella es fácil de habitar

Bella es suficientemente plana para que cualquier chica quepa en ella y pueda vivir la fantasía a través de su voz. Además, como todos los adolescentes se cree más madura que sus padres (y en el libro demuestra serlo, por desgracia), desea ser el centro de atención sin esforzarse por conseguirlo (Bella, la chica nueva, es la destinataria de la atención de cuatro o cinco chicos, además del vampiro monísimo) y es más lista y profunda que la mayoría de las personas que la rodean, entre ellas sus amigas, que solo se preocupan por bailes y vestidos.

 

De acuerdo, Bella no me cae bien, pero yo no soy el público objetivo de este libro. Para una adolescente, Bella es un lugar seguro donde reflejarse, y es un personaje que se desvela al lector con todas sus inseguridades, emociones contradictorias y olas gigantes de hormonas. Meyer no se reprime, muestra todo tal y como es, aunque no sea bonito ni elegante, y crea un punto de entrada a la realidad de la novela que es absolutamente permeable, porque Bella tiene las mismas inquietudes que casi cualquier adolescente y no tiene apenas defectos que la caractericen como algo ajeno de lo que no querrían saber nada. No es una chica tacaña, envidiosa o rencorosa, lo que dificultaría la identificación del lector, pero sí es fácil aceptar que sea testaruda y torpe, defectos sacados de la lista de defectos cuquis para heroínas de películas románticas, junto con el de ligera esquizofrenia y aniñamiento.

La progresión de la historia es adecuada

Hacia el 25% del libro Bella empieza a intuir que Edward es un vampiro, y el lector sabe que lo es. Hacia la mitad del libro, Edward le revela a Bella que la estuvo evitando porque ella es especialmente apetecible para él, cambiando así la manera en que vemos a Edward, ahora más como una víctima que como un agresor; en el 75% aparecen los vampiros enemigos y Bella entra en verdadero peligro por haberse involucrado en los asuntos de los Cullen, de modo que el peligro del que le prevenía Edward acaba haciéndose real, pero no a través de él sino de otros; y finalmente el libro se cierra con Edward superando su mayor tentación, beber la sangre de Bella. Consigue hacerlo solo parcialmente para extraerle el veneno que la convertiría en vampiro. Sin embargo, no se acaba ahí porque Bella querría ese destino para ella misma, y Edward lo rechaza totalmente, y en los próximos libros veremos cómo interaccionan sus objetivos opuestos.

 

En cada una de estas etapas la situación se clarifica y cambia lo suficiente para que el libro se mantenga ameno y fluctúe la tensión. No tendría sentido que la identidad de Edward se desvelara al final, porque el lector ya lo intuye hace mucho y no sería una sorpresa; ni tampoco se sostendría la novela sin enemigos exteriores que precipitaran el conflicto al final y en los libros posteriores.

No todo es Edward y Bella

Para conseguir la progresión anterior y un ritmo adecuado, Meyer sabe que necesita intercalar episodios normales en los que no aparezca Edward, de modo que no sea esa atracción inmoderada el solo objeto del libro o acabaría perdiendo fuelle. Por eso utiliza a un grupo de amigos con los que Bella se relaciona bastante superficialmente, un buen número de admiradores con quienes Bella también tiene sus más y sus menos, a los indios de la reserva, enemigos de los vampiros, y a Jacob, con quien Bella traba amistad. Son capítulos que el lector quiere que pasen rápido porque actúan de relleno hasta la próxima reunión y el nuevo avance en la relación, mientras van salvando obstáculos y barreras.

 

Se hubieran podido aprovechar más si los personajes secundarios hubieran tenido algo de personalidad y si Bella hubiera trabado amistades verdaderas con humanos, que hubieran podido contraponerse a las amistades fantásticas peligrosas para ella.

¿Has leído Crepúsculo? ¿Qué te ha parecido? ¿Le encuentras también algo positivo?


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One Comment on “Aprende de Crepúsculo (lo bueno, que lo hay)”

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