Del estado gaseoso de las ideas

Me pregunto si es algo habitual del ser humano ser avasallado por montones de ideas que tomadas en conjunto resultan físicamente imposibles de realizar. Me refiero a cuando vas por la calle tan tranquilo y piensas que sería bonito estudiar la carrera de filosofía, aunque fuera a distancia, o se te ocurre una temática genial para un blog o para un Instagram (todavía no he sucumbido a crearme uno), o crees que no se te daría tan mal ser docente, editor, librero o pastor con cien ovejas y un par de Border Collies. (He utilizado ejemplos propios que creo que se le pueden aplicar a muchas personas, salvo quizá el de pastor).
Cuando tenía dieciocho o veinte años todas estas posibilidades me parecían factibles; al fin y al cabo tenía toda una vida por delante. Ahora, apenas diez años más tarde (¡todavía con toda una vida por delante!), no es que piense que no es posible, sino que sé que sin una motivación suficiente todas esas ideas peregrinas se acaban marchando y se van a habitar otra cabeza, hasta encontrar una que las atrape.
Cuando me di cuenta de la fugacidad de la mayoría de los sueños, de lo rápido que transitan las ideas y de lo difícil que es que cambien de estado (del gaseoso al sólido, pasando por el mutable líquido), sentí una cierta desazón. Siempre he sido muy soñadora. Me gustaba imaginarme habitando en las antípodas (literalmente, porque desde El señor de los anillos Nueva Zelanda ha sido una de mis fijaciones), desempeñando empleos extravagantes para una chica de ciudad (seguro que necesitan pastores allá, hay siete ovejas por cada persona), aprendiendo idiomas poco asequibles pero muy sexys (¿hebreo o sánscrito anyone?), o codeándome con personajes salidos de una película de David Lynch. También tenía una fijación especial con Irlanda y con subirme a torres de castillos medio derruidos y que el viento me despeinara, pero no demasiado. Bien pensado, esto último me lo voy a apuntar para mi próxima visita.
Más que desazón, me sentí estafada, a decir verdad. Los libros de fantasía me habían enseñado que la vida estaba hecha de aventuras, encuentros fortuitos y presagios oscuramente formulados, y resultó que la vida tenía más en común con el Farming Simulator que con el World of Warcraft
 
Si es habitual que todos seamos tan fantasiosos, supongo que es también habitual que todos, llegado cierto punto, nos demos cuenta de que la mayoría de las ideas que flotan en nuestra cabeza no se van a hacer realidad salvo que nos pongamos manos a la obra. Cuando la idea es suficientemente potente esto no suele resultar un problema: se crean webs, se escriben libros, se abren negocios, etc. todo el tiempo; lo que me inquieta a mí es qué pasa con todas esas ideas que no adquieren suficiente solidez.
 
A mí me entristece ver cómo entran y salen ideas de mi cabeza todo el tiempo. Me recuerdan que solo tengo dos manos, que soy mortal, que no puedo aprenderlo todo ni hacerlo todo en esta vida. Me recuerdan que tengo límites.
 
Me pregunto si esta tristeza es lo que llaman la crisis de los treinta, que ya está casi ahí. 

4 Comments on “Del estado gaseoso de las ideas”

  1. ¿Pero que sería la vida sin soñar, aunque sea lo imposible? ¿Qué sería de nosotros si sintiéramos curiosidad por conocer? Es cierto que la vida es corta y los sueños infinitos, pero siempre hay que intentar lo que se pueda y conformarse con lo que se consiga. Y te lo dice alguien que está a punto de entrar en la crisis de los cincuenta. Pero estas crisis de edad son buenas, te dan un bofetón para concretar, al menos, lo que está más a mano.
    Me he sentido muy identificado con tu reflexión. ¡Saludos!

    1. Hola, David! Sí, totalmente de acuerdo contigo. Si no soñamos, si no nos ilusionamos, no sentimos curiosidad, ¿para qué vivir? Es el punto medio, como en casi todas las cosas, el que al final nos da la mayor paz y felicidad, porque tener la cabeza completamente en las nubes resulta en muchas frustraciones si llegamos a creernos a pie juntillas nuestros sueños, y vivir una vida completamente ordenada y limitada a lo que podemos pronosticar no deja espacio al deleite y la sorpresa.

      Mi artículo era una pequeña nostalgia y una despedida de las ideas alocadas de la adolescente, y no tan adolescente. 😉

  2. Cada sendero tiene su propia espina, Marta. La mente solo puede avivar la llama de las imágenes que llevamos con nosotros, que permean nuestra sensibilidad y que, tarde o temprano, sedimentan el trabajo creativo o la vocación. Inevitable es levantar la pluma y ser parte del fenómeno de la creación, que dicho sea de paso, acompaña al fenómeno de crecer, madurar y envejecer.

    P. D: Se te extraña en redes. Causalidades me hicieron caer aquí en tu nuevo espacio. Ánimo y sigue escribiendo, que desde este lado del charco tienes un lector y un amigo.

    1. Hola, Miguel! Qué bonita casualidad que cayeras por aquí y qué bonitas palabras me dejas, gracias.

      De vez en cuando echo de menos las redes y a los que las hacéis sociales, es cierto, pero la verdad es que estoy disfrutando mucho de esta etapa ermitaña y analógica, y social apenas lo justo e inmediato. Tal vez me deje caer de vez en cuando, pero antes siento que tengo que solidificar algunas ideas más ;)).

      Un abrazo, me alegro de leerte.

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