Escribir diálogos: todo lo que necesitas saber

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Este artículo pertenece al proyecto WriterMuse: creatividad para escritores, que finalizó en septiembre 2018. Encontrarás todos los artículos publicados bajo la etiqueta WriterMuse. Si te preguntas qué fue de WriterMuse, he escrito un artículo para contártelo; en el mismo podrás bajarte, además. todos mis recursos de escritura creativa.

La escritura no es una habilidad única sino la síntesis de muchas habilidades dispares: contar historias, usar el lenguaje de forma bella, producir ideas sorprendentes, inventar mundos, etc. Una de estas habilidades es la reproducción de las palabras de tus personajes.

 

¿Eres de los que les cuesta escribir diálogos y lo evitan a toda costa o por el contrario tienes un don especial para conducir a tus lectores por conversaciones trepidantes y llenas de tensión?

 

A mí, la verdad, me cuesta bastante, y hasta hace poco no me fijaba demasiado en cómo otros autores escribían sus diálogos; eran algo que daba por sentado. Parece simple escribir un diálogo, como simple es hablar en la vida real, pero ya sabes que la apariencia de sencillez esconde una gran labor de síntesis.

 

Si a ti también te cuesta escribir diálogos, el artículo de hoy es para ti.
 
 

¿Qué hace a un diálogo bueno?

En la escritura no existen reglas precisas e inquebrantables, pero sí unas líneas generales por las que puedes guiarte para escribir diálogos que sean considerados buenos. Un buen diálogo debe contar con estas cosas:

 

Verosimilitud

Los personajes no tienen que hablar de forma realista, sino de forma verosímil. Iria López Teijeiro: Cómo escribir diálogos

Lo que nos indica Iria López es que nuestro personaje sonará como sonamos nosotros en conversación, pero sin tantos flecos sueltos: falsos inicios, repeticiones, interrupciones, redundancias… Sin embargo, para escribir diálogos que suenen verosímiles no eliminarás todos estos elementos hasta dejarlo limpio y reluciente, sino que los introducirás según sea necesario para el ritmo y el tono.

 

Incluso en géneros de tipo «mágico» como la fantasía, la ciencia ficción e incluso la novela romántica, el diálogo puede ser verosímil dentro de sus estándares: con una gramática hipercorrecta y una gran elocuencia en el caso de Tolkien, imitando la manera de expresarse del Medievo.

Ritmo

La velocidad y el ritmo del diálogo están estrechamente relacionados con el personaje, el ambiente, el nivel de tensión e incluso la estructura de la novela.Tom Chiarella: Writing Dialogue

Sé consciente del ritmo del diálogo que escribes y qué propósito sirve, así como a las variaciones de ritmo a lo largo de una misma pieza. No hablará igual tu personaje si está nervioso que si está enfadado, ni hablará igual otro personaje en las mismas circunstancias, pues tendrá su propia manera de expresar sus emociones y sus deseos. Quizá uno use frases cortantes e imperativas y el otro se vuelva huraño y taciturno.

 

Procura variar el ritmo de la conversación según las emociones que estén en juego para crear un diálogo multitonal y variado, que no caiga en la monotonía, y para imitar las variaciones de ritmo que escuchamos todos los días en la vida real.

Propósito y tensión

Lo más importante que debes saber sobre tus personajes es lo que quieren […], incluso cuando lo que quieren se encuentra a un nivel inconsciente y ni siquiera ellos lo saben.Gloria Kempton: Dialogue

La vida real está llena de momentos en los que intercambiamos palabras insulsas, pero tu narrativa debe evitar caer en esta trampa. Un diálogo bueno tiene un propósito dentro de la historia: profundizar en una relación, avanzar la trama, mostrar un obstáculo…

 

Cada personaje deberá tener un propósito propio, un motivo por el que interviene o no interviene en la conversación, y este nunca coincidirá al 100% con los motivos de otro, por lo que siempre habrá al menos un pequeño grado de tensión subyacente. Si no puedes encontrar el propósito, el conflicto o la tensión, revisa el diálogo y hazlos patentes.

 

Salvedad: puede que busques un fin muy específico y necesites mostrarnos una pieza de diálogo insulsa y sin objeto. Por ejemplo, puedes querer mostrarle al lector cómo el recién abducido protagonista lleva una vida aparentemente normal y anodina mientras una cucaracha mutante dirige sus operaciones, pero incluso en este caso no diríamos que la escena no tiene un propósito: lo tiene, mostrarnos que nadie se ha percatado de que nuestro personaje ha sido reemplazado por la cucaracha maligna del espacio.

Voz de los personajes

Una voz que habla en un relato lleva incorporada una forma de ser, lo que equivale a un repertorio de recursos lingüísticos, un modo de emplear esos recursos, una actitud ante la palabra, etcétera.Silvia Adela Kohan: Cómo escribir diálogos

Cada uno de nosotros tenemos una manera de expresarnos, y debe ser igual con tus personajes. La edad, la geografía, la clase social, la educación, los ámbitos de trabajo y ocio e incluso los temas a los que dan importancia configuran la manera en que hablan tus personajes. Si tienes la oportunidad, escucha conversaciones reales de gente que pertenezca al mundo que vas a retratar en tu novela. Los diálogos de otras novelas ayudan, pero son conversaciones filtradas a las que un segundo filtro (tu propia novela) afectará en verosimilitud.

 

La voz y la personalidad de los personajes determina incluso las cosas en que se fijarán y qué dirán sobre ellas. No sería verosímil que una portera reaccionara a una cita de Tolstoy, salvo que esta portera oculte una educación literaria (como es el caso de Renée en el libro de Muriel Barbery, La elegancia del erizo), pero sí que sería plausible que un diseñador reparara en que han cambiado los cuadros de su cafetería preferida.

Lector como audiencia secundaria

Recuerda, el lector es una audiencia secundaria del diálogo. La audiencia primaria […] es el propio personaje. Como tal, tiene unos conocimientos diferentes, por lo general más limitados, que el lector.Tom Chiarella: Writing Dialogue

La primera audiencia del parlamento de tu personaje debe ser el otro personaje, no el lector. Si te encuentras diciendo algo para que el lector esté al corriente de lo que sucede, tu diálogo perderá credibilidad. Si las dos personas ya tienen conocimiento de algo que una está relatando, el diálogo se desmorona por implausible.

 

Las relaciones están configuradas por una infinidad de acuerdos tácitos y experiencias compartidas que un observador externo no ve a primera vista. Hay ciertos temas que se evitan, preguntas que no se hacen porque se sabe la respuesta, preferencias que se dan por sentado, etc. Igual que tú intuyes qué te dirá tu pareja o tus hijos cuando les haces una pregunta, tus personajes han considerado también la opinión y la manera de ser del otro antes de hablar.

 

Si vas a desvelar mucha información, plantéate si de verdad es necesario que el lector la conozca ya o si puedes ir revelándola poco a poco, hacer una alusión indirecta o incluir esa información en la narración, fuera del diálogo.

 

Por ejemplo, si quisieras que el lector supiera que tu protagonista tiene pareja o está casado, su interlocutor, en vez de decir «¿Qué tal tu mujer?», podría preguntar «¿No viene hoy Cristina?, ¿te la has dejado en casa?». No es tan evidente como la primera frase, pero sugiere cierta intimidad entre nuestro protagonista y Cristina, y situaciones sucesivas podrían aclarar que se trata de su mujer.

Significado subjetivo

El encadenamiento de las réplicas se apoya menos en «lo que dijo» el locutor que en las intenciones que, según el destinatario, lo habrían llevado a decir lo que dijo.Oswald Ducrot

Cuando hablamos con una persona (o con un animal de compañía que creemos muy listo) no respondemos a las palabras exactas y al contenido objetivo que nos transmiten, sino a lo que creemos que está diciendo con esas palabras (o maullidos).

 

No respondemos igual al vecino que nos comenta en el ascensor que hace mal tiempo que si nos lo dice nuestra pareja cuando teníamos planeado salir esa tarde. Tampoco reaccionamos igual cuando un amigo nos comenta «Bonito reloj» que cuando lo hace un desconocido en una calle oscura. Intuimos la intención detrás de las palabras y respondemos a esa intención con un gracias o poniendo pies en polvorosa.

Asegúrate de que tus personajes leen entre líneas y responden a lo que creen que el otro quiere decir, no al contenido objetivo de sus palabras.

 
 

En Writing Dialogues Tom Chiarella habla de los tres elementos básicos que configuran un diálogo: energía, dirección y distancia. Chiarella utiliza una analogía que me parece brillante y que voy a adaptar aquí: el diálogo como el tránsito de dos coches por la carretera. La energía es la velocidad a la que va cada coche, la dirección es hacia dónde van (¿se cruzan? ¿sigue uno al otro?) y la distancia es el espacio que hay entre uno y otro.

Energía

La energía equivale al tono y la emoción con la que tu personaje transmite su parlamento. Es como la velocidad en que transita un coche por una carretera: irá más o menos rápido y llegará más pronto o más tarde a su destino. Un interlocutor con energía de rabia puede incrementar en gran medida la tensión si expresa su rabia abiertamente o si ladra órdenes o quejas, mientras que un personaje más tímido no expresará su rabia con tanta energía. A más energía más rápido llegará a donde quiere llegar con sus palabras, pero también puede estar dirigiéndose a un fuerte choque.

Dirección

La dirección es el objetivo que cada personaje persigue en el diálogo o escena. Pueden ser direcciones enfrentadas o paralelas, pero de ninguna manera el personaje se encuentra solo y a sus anchas en la carretera. El giro más suave del volante puede llevarlo a enfrentarse al otro coche, que no le deja pasar. Es la dirección lo que determina la tensión subyacente o explícita en el diálogo: los objetivos de dos personajes jamás están completamente alineados y producen roces, malentendidos o conflictos abiertos.

Distancia

El objetivo del personaje se encuentra al final de la carretera, y mediante la conversación y otras acciones quiere pasar de la situación inicial (el punto A) a la situación deseada (el punto B). La distancia es el espacio que debe recorrer de A a B.
 

La distancia puede ser muy grande si la protagonista necesita extraer información vital del espía capturado, o muy pequeña si solamente le pide la sal a otro comensal.

Aunque un coche siga a otro a igual velocidad y a una distancia respetable, la tensión sigue existiendo: basta un pequeño bache en el camino para acortar la distancia peligrosamente. Esto quiere decir que incluso en los diálogos menos antagonísticos hay una tensión inherente que puede desembocar en un conflicto abierto. Incluso en las mejores familias hay tensiones producidas por una manera distinta de ver las cosas, casi siempre desde la buena voluntad.

Ejercicios prácticos

Hay una serie de prácticas y ejercicios que puedes poner en marcha para habituarte a la escritura de diálogos y para captar la voz de tus personajes de forma efectiva.

Escucha activa

El primer ejercicio y el más importante es la escucha. (Seguro que este te lo veías venir). Escuchar de forma activa a las palabras que dice la gente no es tan fácil como parece, porque la mayor parte del tiempo filtras estas palabras y las despojas de todos los accesorios que ralentizan la comunicación (muletillas, repeticiones, ecos, cambios de tema, falsos inicios…). Lo habitual es que te quedes con el significado e ignores las palabras que se utilizan para transmitirlo, a no ser que sean llamativas y escapen a tu filtro.

Muchos diálogos que escribimos suenan artificiales porque en realidad no practicamos la escucha consciente del lenguaje que nos rodea.

 

Escúchate también a ti mismo. Puedes pensar que tu voz la conoces perfectamente a estas alturas, pero te sorprenderá la cantidad de vaguedades y redundancias y lo poco articulado, en general, que suenas. Yo pensaba que hablaba en oraciones más o menos completas y me llevé un chasco enorme, además de darme cuenta de que se me habían pegado algunas de las frases hechas de mi madre: ¡horror!

Escúchate a ti mismo y a los demás y anota las palabras literales en papel: te sorprenderá mucho lo que descubres.

Lectura crítica

La próxima vez que leas a uno de tus autores preferidos, fíjate en cada uno de los puntos que he descrito en este artículo: ¿qué objetivo busca cada personaje?, ¿cuál es la tensión del diálogo?, ¿cómo se expresa y cómo evoluciona?, ¿cómo se distinguen las voces de los personajes?, ¿qué ritmos predominan?, etc.

 

Lee a autores de tu género predilecto y de otros géneros, y lee a los grandes maestros. Algunos grandes escritores de diálogos son, por ejemplo, Raymond Chandler, Miguel Delibes, Antón Chéjov, Ernest Hemingway… Y en ciencia ficción están Ursula Le Guin (por supuesto) y Robert Silverberg, aunque hay muchos otros.

 

Si quieres saber más sobre lectura crítica y cómo aplicarla para mejorar tu escritura, pásate por mi artículo Lectura crítica para escritores.

Escritura automática

Conocer qué logra que un diálogo funcione está muy bien, pero me temo que es un arma de doble filo. Saber todo lo que debe conseguir un diálogo, o cualquier pieza de escritura, tiene un efecto inhabilitante.

 

Cuando en clase de baile me corrigen un paso intento hacerlo mejor al siguiente compás, pero cuando me corrigen también la postura, la distancia, el brazo, el bouncing… Es un desastre absoluto. Lo dejo estar, claudico; me siento en el suelo a mirar cómo lo hacen los otros.

 

Poco a poco. No puedes pretender ser consciente de tantos aspectos de la escritura a la vez. Por eso, lo mejor que puedes hacer es preparar los preliminares (la ficha del diálogo) y seguir escribiendo los diálogos tal y como los escribías antes, sin preocuparte por todas estas cuestiones de ritmo, voz, energía, verosimilitud, distancia… Todo esto resultará útil después, cuando corrijas la escena.

 

Sintoniza con los personajes y sus deseos. Sácalo todo de dentro primero, tan explícito como necesites hacerlo, ocupando tres páginas que luego comprimirás en una. No te censures, aunque las voces se confundan y se contradigan a sí mismas. Cuando sea el momento, tamizarás ese diálogo y darás con las claves que te he enseñado más arriba.

Referencias

Aquí te dejo las fuentes a las que puedes recurrir para aprender más sobre el arte de escribir diálogos. Yo sigo aprendiendo de ellas día a día:

Y también estos artículos de Clara Tiscar (Cómo escribir diálogos) y Abel Amutxategi (8 consejos para escribir mejores diálogos).

¿Te resulta fácil o difícil escribir diálogos? ¿Tienes algún truco para dar vida a las conversaciones de tus personajes?


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