Las 6 fases de revisión de una novela

las 6 fases de revisión de tu novela writermuse

Este artículo pertenece al proyecto WriterMuse: creatividad para escritores, que finalizó en septiembre 2018. Encontrarás todos los artículos publicados bajo la etiqueta WriterMuse. Si te preguntas qué fue de WriterMuse, he escrito un artículo para contártelo; en el mismo podrás bajarte, además. todos mis recursos de escritura creativa.

¡Enhorabuena! Has terminado el primer borrador de tu novela. Solo tú sabes lo mucho que te ha costado… y sabes también que hay bastantes cosas que tendrás que cambiar, porque te has desviado aquí y allá, persiguiendo una fantástica idea de última hora, o porque, para empezar, no tenías un plan muy claro.

 

Si quieres que tu revisión se complete en pocas pasadas (dos como mínimo), sigue leyendo. Si no sigues un plan de revisión, igual que si no sigues un plan de escritura, seguramente tengas que volver sobre lo escrito una y otra vez. Es poco eficiente y te acabarás cansando.

¡Recuerda!

Edita al final

Si no has terminado aún tu primer borrador, es conveniente que esperes antes de editar capítulos sueltos. Evita reescribir al día siguiente lo que escribiste el anterior porque perderás mucho tiempo preocupándote por detalles que luego probablemente desaparezcan en la novela final.

Deja pasar un tiempo antes de editar

Recuerda también dejar pasar un tiempo –mínimo un mes– tras haber puesto el último punto. Seguramente cuando acabaste tenías muchas ganas de volver al principio y reescribirlo todo. ¡Resístete! Respeta ese tiempo para ser más objetivo cuando revises, porque lo que tienes muy reciente no te deja aplicar la perspectiva de un lector que la lee por primera vez.

El primer borrador duele de solo mirarlo

No busques nada remotamente publicable. Esa no es su labor. El primer borrador es para plasmar ideas. Las palabras vienen después.

Sigue un plan de revisión para ser mucho más eficiente y no saltarte nada al corregir tu novela.


6 fases de revisión de tu novela writermuse

El orden más cómodo y eficiente para revisar tu novela

Una vez hayas sacado ese primer borrador que tenías encerrado en una caja precintada escondida en el fondo del altillo, vas a leerlo con tu espíritu más crítico y compasivo.

 

Vas a leer tu libro acompañado de un lápiz y una libreta, o de un documento de texto, y vas a anotar todo lo que tiene que ver con la trama y el funcionamiento general del libro, pero no vas a tocar el original. ¡Manos quietas!

 

Después de analizar el libro y encontrar los problemas, vas a buscar soluciones. Un mismo problema puede invitar a decenas de soluciones distintas, desde algunas de tan largo alcance como cambiar el narrador a otras tan sencillas de implementar como eliminar el pasaje conflictivo, por eso no te vas a detener aún en el lenguaje.

Una vez hayas encontrado tu solución idónea a cada una de las escenas, es entonces cuando empezarás a reescribir.

 

Esta reescritura es solo la primera de, al menos, dos, pero gracias a que estarás completamente enfocado en las cuestiones más importantes, será una reescritura súper eficiente. En la segunda revisión, que te explico más adelante, podrás ponerte a jugar cambiando las frases de sitio todas veces que quieras.

 

Un truco: mientras escribes tu primer borrador se te ocurrirán ideas que tendrán aplicación retroactiva, que generarán cambios en capítulos anteriores. Para poder seguir adelante sin preocuparte («¿me acordaré de incluir un equipo de buceo en la mochila?»), déjate una nota para tenerlo en cuenta durante la revisión.

Fase 1: Revisión estructural

Esta es la fase de los cambios sustanciales. Todos los problemas que detectes en esta fase tienen que ver con el desarrollo de la trama: evolución de los personajes, orden de las escenas, tensión y ritmo narrativo, promesas incumplidas, etc.

 

Vamos a dividir los puntos principales de esta fase en cuatro, para que te orientes mejor: argumento, promesas y prefiguraciones, personajes y cambios mayores.

Argumento

Lee tu libro siguiendo atentamente el desarrollo del argumento y analízalo de forma global, pero también escena por escena. Lo que buscas es que todas las escenas tengan una misión concreta y que causen el efecto que deseas en el lector.

 

Te ayudará fijarte en el argumento de principio a fin y responder a estas preguntas:

¿Evoluciona correctamente el argumento?

Es muy importante que tu novela llegue a su conclusión y que recorra un camino entre el punto A y el punto B; no puede permanecer eternamente en un punto sin que avance la trama. No tendría sentido, por ejemplo, El señor de los anillos, sin que Frodo arroje el anillo al fuego y cierre ahí la historia.

 

Pero más difícil de detectar es la ausencia de momentos clave, de puntos de giro, a lo largo de la novela. Casi todos sabemos que ha de haber un final, pero a lo mejor nos cuesta saber cuándo necesita nuestro libro un punto de inflexión. Para conocer mejor qué se espera el lector en cada momento, pásate por mi post sobre la Estructura de la novela, donde hablo de esos hitos de tu historia.

 

Revisa tu novela e identifica estos hitos. ¿Hay, al menos, tres? ¿Tienen lugar en el momento adecuado? ¿Son verdaderamente significativos?

¿Los eventos se narran en el orden más adecuado?

Igual que analizas la evolución del argumento para comprobar que llegas a buen ritmo a la conclusión de cada trama y subtrama, debes comprobar que las escenas funcionen en el lugar que ocupan.

 

Si a tu protagonista le roban las llaves del coche, su reacción será distinta si sabe que ha sido su mejor amigo desde el principio que si lo averigua al final de la historia, como giro argumental. Tampoco es lo mismo si tu lector sabe quién es el asesino, escondido entre los demás pasajeros, que si lo descubre después: un caso es suspense y el otro es intriga.

 

En el caso de las novelas de misterio, es muy importante desvelar cada pieza de información en el momento preciso. En el misterio de Agatha Christie Diez negritos cada víctima es culpable de algún crimen, pero no se les ha impartido justicia. Christie nos hace sospechar de cada uno de ellos y, rápidamente, del juez, cuyo cometido es precisamente ajusticiar a los criminales. Pero para evitar que nuestras sospechas recaigan sobre él, la escena de su asesinato (falso) ocurre temprano en la trama, por lo que nos lleva de un sospechoso a otro durante gran parte del libro.

 

Valora el impacto que tienen las escenas según la posición en que ocupan en tu novela. No hay una solución correcta, sino diferentes interpretaciones y efectos.

¿Hay tensión y momentos de calma?

Tienes que analizar el efecto que tienen las escenas y el estado de ánimo que transmiten. Presta atención al ritmo de la narración y provee de suficientes cambios al lector para que no se aburra, pero moderándote para que no se sienta confundido por tantos giros argumentales.

 

Incluso en las historias más trágicas hay momentos ligeros que cumplen una doble función: aligeran la lectura y nos preparan para una caída más dura. Acuérdate de insertar escenas de respiro entre mucha acción, y aprovecha esos momentos para dar a conocer otras facetas de tus personajes.

 

No hay un número clave ni una fórmula mágica, pero sí que hay algunas reglas de oro: justo antes de un gran triunfo, de la resolución del argumento, es el momento idóneo para insertar un periodo de calma desesperada en el que todo parece estar perdido. También justo después del momento álgido del conflicto puedes poner a tus personajes a salvo para que tomen aliento. La experiencia de tu lector será mucho más rica si aprovechas bien las subidas y las bajadas de tensión y ritmo narrativo, igual que si diseñaras una montaña rusa (una de las memorables, de las que hacen que te salten las lágrimas).


el castillo ambulante - la colada

Escena de la colada en El castillo ambulante (2004). Las películas del Studio Ghibli cuidan especialmente estos momentos de calma para que podamos conectar con los personajes.

¿Se resuelven todos los hilos argumentales satisfactoriamente?

Tenemos que tener en cuenta lo más evidente, el argumento en sí, lo que la gente diría que es tu historia cuando hable de ella con sus amigos: «Es una detective a punto de jubilarse que se enfrenta a su sombra persiguiendo a un asesino por todo el mundo». Con este resumen de una línea esperas que el argumento lleve hasta el asesino y que haya una confrontación: ¿esto se da? ¿Es satisfactoria la confrontación? ¿La detective aprende algo en el proceso?

 

Es importante prestar atención a las subtramas también: el hijo bastardo de tu protagonista y un caballero errante vuelve por unos capítulos y se marcha de nuevo, sin aportar nada a la trama ni cambiar la vida de tu protagonista. Eso no es una resolución satisfactoria. Haz que se convierta en una fuerza antagonista, o que ayude a tu protagonista a redimirse.

¿Le das a cada evento el peso que se merece?

Plantéate si la novela se detiene demasiado tiempo en alguna trivialidad o, por el contrario, pasa por encima de algún tema importante y le quita todo el dramatismo.

Por ejemplo, si omites todo el episodio de una guerra, pero en esa guerra hay una escena fundamental en que tu protagonista pierde a un ser querido, te podrás plantear incluir esa escena de alguna manera. Depende del efecto que quieras producir, narrarás la escena in situ o más adelante, filtrada por el dolor de un luto prolongado.

Tu libro es único y tiene unas necesidades concretas a las que debes responder tú. Una respuesta genérica no te sirve: busca tu propia solución.

Promesas y prefiguraciones

Desde la primera palabra creas un acuerdo tácito con el lector que dice que todo aquello que resaltes debe tener importancia en la trama, aunque sea de una forma que no esperas (especialmente si es así). Estas son las promesas.

 

El ejemplo más claro y que tiene mayor potencial de irritar al lector es cuando un personaje juega con algo peligroso: un arma, unos documentos, fuego. De una forma u otra, tiene que haber repercusiones: un balazo, una denuncia, un incendio… Estas cosas se las espera el lector, pero puedes darle la vuelta: vende el arma por dinero y luego se la encuentra de frente; se deshace de los documentos y en estos se encontraban las pruebas para salvar a un ser querido; con el fuego quema las cartas de su esposo fallecido.

 

Lo que sí que es imprescindible es que los objetos «candentes» tengan su razón de ser, aunque sea la simple ecuación arma-disparo.

 

Las prefiguraciones, por otro lado, son promesas más sutiles. El lector, cuando pasa sobre una de estas, no la registra como algo a tener en cuenta. Es solo al haber finalizado el libro cuando las prefiguraciones tienen sentido y le dan un matiz más rico a la lectura.

 

Por ejemplo, en el Hobbit la codicia enana que se manifiesta en los recuerdos y las canciones de Thorin y compañía prefiguran que la avaricia jugará un papel importante, que el enemigo no es solo el dragón, pero al principio el lector está convencido de que el conflicto será con el dragón. En El código da Vinci Langdon se fija y comenta al comienzo sobre la pirámide invertida del Louvre, junto con otras tantas obras simbólicas, por lo que la atención del lector no se queda en la pirámide. Más adelante Langdon ata los cabos y formula su hipótesis de que el Grial está enterrado debajo.

 

Cuando revises tu novela, ten en cuenta las promesas más evidentes que le has hecho al lector: un cadáver enterrado, un sueño profético, unas llaves perdidas…


el castillo ambulante - corazón

El corazón es un elemento que se repite una y otra vez desde el comienzo de la historia, pero no conocemos su importancia hasta el final. El castillo ambulante (2004)

Asegúrate de que todas las promesas se cumplen de manera satisfactoria (si puedes, sorprendente).

También busca todos los elementos importantes de la segunda mitad de la historia y encuentra maneras de prefigurarlos sutilmente a lo largo de la primera parte. Este truco es el que consigue que los lectores exclamen admirados cuando terminan tu libro: «¡Lo tenía pensado desde el principio! ¿Cómo no lo he visto?» En realidad, la gran mayoría no lo tenemos pensado desde el principio, pero el lector nunca descubrirá nuestro truco.

 

Salvo que el esquema que hayas construido para tu novela haya contado con todas las desviaciones e imprevistos, es muy probable que te saques cosas de la manga en el primer borrador para salir de apuros. Por ejemplo, a mitad del primer borrador escribes que tu protagonista conoce algunas llaves de judo y se zafa de un atacante. Si quieres que tu lector acepte esta solución, prefigura algunos capítulos atrás a tu personaje tomando clases o, más sutilmente y, por tanto, mejor, un viejo traje de judo o un ejercicio matinal que ha sobrevivido como rutina.

Nos gustan las historias redondas, con un final que no podía ser de otra forma. Si quieres conseguir ese efecto, prefigura tu final desde el comienzo.

Personajes

Al igual que con el argumento, tus personajes deben partir de un punto A en su vida y llegar a un punto B; es decir, deben evolucionar, o al menos intentarlo, y enfrentarse a sus demonios interiores.

 

Bilbo Bolsón en el Hobbit se convierte en un héroe de pura cepa, pero no todos los protagonistas tienen por qué evolucionar a mejor: también pueden fracasar y sucumbir a sus demonios. En el caso del protagonista de Lolita de Nabokov, Humbert, su obsesión por la niña va a peor, se consuma en sexo y abuso y culmina en violencia.

 

En una novela que revisé hace poco, el protagonista, aún niño, no paraba de quejarse de lo sobreprotectora que había sido su madre, y apenas tenía ocasión le dedicaba reproches y la describía bajo la peor luz. El lector se esperaba que, pasada la niñez y la adolescencia, el protagonista la perdonara o la comprendiera, pero eso no llegaba nunca, y la sensación era de que el protagonista no había superado esa etapa y seguía siendo ese niño rencoroso… y no era esa la intención del autor, que ni se había dado cuenta. La solución era súper simple: una escena en la que se reconciliaba con la madre póstumamente bastaba para mostrar la evolución del niño en adulto.

 

Durante esta primera fase también debes analizar si el personaje sobre el que recae la atención es el adecuado para esa escena. Quizá haya un punto de vista más provechoso, del que puedas sacar más tajada: un personaje que experimente la escena con más dramatismo, o que no esté tan involucrado y genere más intriga en tu lector.

 

Por último, presta atención a la caracterización y los problemas que tienes que solucionar y mejoras que puedes hacer. En esta primera etapa fíjate si es necesario modificar o insertar alguna escena para ayudar a caracterizar a un personaje mejor.

 

Si después de leer tienes la sensación de que no has transmitido bien todo lo tacaño que es tu personaje, inserta una escena breve en la que regatea una rosa con un vendedor callejero, o muéstralo recogiendo un céntimo del suelo. El lector tiene que ver mediante actos las cualidades y los defectos principales de tus personajes, y una acción llega muchísimo más lejos y es más convincente que ningún «Era un hombre tacaño».


el castillo ambulante - tienda

Durante el planteamiento nos muestran a una Sophie trabajando mientras toda su familia va a ver el desfile, caracterizándola como una chica diligente y poco amante del jolgorio (la que se le va a venir encima…). El castillo ambulante (2004)

Cambios mayores

Hay cambios que entran en esta fase y hay otros que son más minuciosos. En la fase 1 quiero que te centres solo en cambios que afectan a la trama globalmente.

 

Por ejemplo, si a mitad novela decidiste cambiar la profesión de tu protagonista, porque te diste cuenta de que la de abogado te sería más útil para resolver un conflicto con la ley, tendrás que hacer muchos cambios de mayor o menor envergadura a lo largo de la novela.

 

Cambios de terminología, de nombres o geográficos, sobre todo si se pueden solucionar con un simple buscar y reemplazar, son cambios menores. Un cambio mayor como trasladar la acción de Londres a Viena necesitará mucho más que un reemplazo de «Londres» por «Viena», y tendrás que revisar la ambientación, los mapas, los escenarios, etc.

Fase 2: Planea la reescritura

Con el análisis de todos los problemas y cambios que quieres hacer para mejorar tu nivela, crea un esquema que vas a aplicar a todas tus escenas o capítulos, uno por uno.

 

 

Puedes utilizar tarjetas índice, como la de arriba, una libreta o un documento de texto en el ordenador, pero es fundamental que apliques las conclusiones de tu análisis a cada escena y que propongas una solución para cada una de ellas.

 

Sigue este esquema para planear tu reescritura:

Divide tu novela en escenas. Cada capítulo puede contener una o más escenas.

Para cada escena utiliza una tarjeta, un folio o una página de tu procesador de textos.

Rellena la tarjeta con la información básica.

Título, descripción de lo que ocurre, personajes que participan y punto de vista dominante. Describe el resultado final, no la escena tal y como aparece en tu primer borrador. Si eliminas un personaje, elimínalo también de esta descripción. Si quieres, para orientarte añade en un comentario: «Juanito no aparece en esta escena».

Añade los cambios que son necesarios para esta escena.

Si has detectado que hacía falta prefigurar el arma homicida, una fobia o un tema, decide en qué escena debe aparecer la prefiguración.

Puedes utilizar colores para resaltar los tipos de cambios.

Yo utilizo azul para las prefiguraciones, rosa para el tono y el efecto que deseo producir en el lector, naranja para énfasis, morado para escenarios y amarillo para resaltar algo que debería ser más sutil en el manuscrito. (Los colores te ayudan a entender de un vistazo qué necesita la escena, en lugar de repetir cada vez «prefigurar esto», «enfatizar lo otro»)


En el ejemplo de arriba de mi novela (todavía en la segunda revisión) te incluyo una tarjeta que tiene todos los colores. Haz clic para verla en grande y comprobar cómo utilizo cada apartado.

 

Una vez hayas terminado de crear tu esquema de revisión y estés satisfecho con todos los cambios que vas a realizar, empieza a reescribir, ¡y no antes! Así te asegurarás de resolver de la mejor manera posible cada problema que haya surgido. Si empiezas a reescribir antes de tiempo, a lo mejor se te ocurre una solución que implica empezar de nuevo.

Si tienes muchas ganas de escribir, ¡escribe algo totalmente diferente! Es mejor dejar la novela reposar hasta que tengas todo bien claro.

Fase 3: Segundo borrador

El primer análisis que has hecho en la fase 1 no entra en cuestiones menores a nivel de oración: no pretende reescribir nada a nivel del lenguaje sino al nivel de las ideas.

 


¿Te acuerdas nuestro lema? Pues seguimos con él, y nos va a servir muy bien durante esta fase.

 

Si has seguido mi consejo, has escrito ideas y no te has preocupado demasiado por las palabras. Habrás escrito pasajes que no funcionan muy bien a nivel estilístico (dicho menos suavemente: te habrás querido arrancar los ojos en alguna ocasión), pero también te habrás sorprendido con pasajes que creías que no valían nada y que resultaron contener una pepita de oro, estoy segura.

 

Pues bien, seguimos con la escritura y la reescritura de ideas. En la fase 1 analizas las ideas, la historia en sí, sin preocuparte por cómo está narrada. En la fase 2, utilizas el conocimiento profundo de tu novela para dar con las soluciones más acertadas. Y ahora vas a reescribir esas ideas para que contengan todos los cambios que has decidido.

 

No es necesario que reescribas tu historia en orden lineal, como no era necesario que lo hicieras así con tu primer borrador. Ve atacando cada una de las escenas e implementa todos los cambios que sean necesarios. Habrá escenas que tendrás que reescribir enteras, ¡bastantes, de hecho! Está bien, forma parte del proceso.

 

Sigue trabajando y recuerda que si estás implementando todos los cambios ya estás mucho más cerca de escribir una novela redonda que funcione y enamore.

 

Cuando acabes, tendrás entre tus manos el segundo borrador. Déjalo reposar de nuevo un tiempo.

 

Fase 4: Segunda revisión

Esta segunda revisión es igual a la de la fase 1. Deja pasar de nuevo un mes entre el segundo borrador y la revisión, para que tu lectura sea más objetiva.

 

La única diferencia entre la segunda revisión y la primera es que vas a utilizar tu esquema para contrastar tu intención para cada escena con el resultado final. Lee la escena a ciegas y después resucita tu tarjeta y analiza si has conseguido crear ese escenario más dinámico, añadir ese indicio de antagonismo o volver más sutiles las alusiones a ese secreto peligroso. Si es así, felicítate y añade un tick. Si no, lo revisarás en el siguiente borrador, sin problemas.

 

(Opcional) Fase 5: edición del segundo borrador

Si hay algún apartado de tus tarjetas que necesita más trabajo, hasta el punto de que tendrías que reescribir parte de una escena o escenas completas para poder transmitir tu idea, entonces hazlo antes de entrar en la revisión siguiente.

¡Tranquilo! Vamos a aterrizar en suelo firme dentro de nada: solo queda la revisión final. El castillo ambulante (2004)

Fase 6: Revisión final

Ahora sí, llega la revisión más intensa, la del microscopio y la placa petri. En esta fase vas a revisar cuestiones más concretas a nivel de lenguaje, estructura y estilo. A esta fase la llama Ana Katzen «de maquillaje», y te recomiendo que pases por su blog a leer su artículo sobre la corrección de una novela. Aprenderás otros trucos muy útiles que te ayudarán a encontrar tu propio método.

 

En esta fase se supone que las ideas ya las has pulido y no vas a tener que reescribir demasiado a nivel argumental, y por eso puedes dedicar todo el tiempo y la atención a la manera en que te expresas. Si no es así y todavía encuentras problemas a nivel argumental, vuelve a los puntos de la fase 1 y olvídate de revisar el lenguaje. Recuerda que quieres ser un escritor eficiente, y trastear con los adjetivos no te ayudará a avanzar tu novela.

 

Ahora sí. ¡Vamos allá!

¿Qué es lo que buscas en la fase seis de la revisión de tu novela?

Mejorar la textura

La textura de tu novela está formada por palabras. Las palabras evocan un ritmo, un tono, una ambientación, un sonido… Cómo elijas y coloques estas palabras te permitirá crear efectos distintos y controlar la manera en que el lector experimenta tu novela.

Las palabras que escojas dependen del efecto que quieras producir. Pero también hay unas normas más o menos generales.

Cambia palabras poco precisas por expresiones con mayor poder evocador

No se trata de buscar sinónimos, porque a menudo los sinónimos cambiarán una palabra floja por otra igual de floja pero menos habitual. En lugar de cambiar «estaba nervioso» por «estaba alterado», busca una idea que transmita nerviosismo: «jugueteaba con su móvil» o «doblaba la servilleta en pliegues muy pequeños». Tampoco abuses: a veces «nervioso» es justo lo que necesitas.

Reduce el número de adjetivos y de adverbios

A menudo los adjetivos pierden su fuerza porque los utilizamos para todo. Lo veo muy a menudo en las descripciones de paisajes. Si quieres que un escenario se registre en la mente de tu lector, no abuses de los adjetivos típicos («verde», «moderno», «pintoresco») y muéstralo mediante acciones: qué hacen los habitantes, qué sonidos emiten los pájaros, cómo se desprenden las rocas del desfiladero.

Reduce o amplía las descripciones

Es normal que cuando llegue un diálogo apasionante te dejes llevar por el toma y daca, lo que dicen este y aquel. ¡Eso es buena señal!, significa que estás dejando hablar a la musa; pero es ahora en la revisión cuando te toca rellenar los espacios vacíos.

 

Para que tus personajes no sean cabezas parlantes en un escenario vacío en la mente del lector, inserta pequeños trozos de descripción y acción entre medias; o reduce las descripciones en pasajes en los que la acción se diluya demasiado.

Lee tu manuscrito en voz alta

De esta manera podrás detectar el ritmo: anímalo y cambia ritmos demasiado monótonos o demasiado bruscos por una melodía más alternada que acune al lector como una colchoneta hinchable entre las olas del mar (mejor que en una piscina, donde irá dando tumbos impulsado por las patadas de los niños de turno).

Corregir errores

Los errores gramaticales y de ortografía que te hacían rechinar los dientes pero que te prohibí que subsanaras en las fases anteriores son ahora un objetivo válido. A partir del segundo borrador obtienes la orden judicial para desalojar a esos molestos inquilinos que te han puesto todo patas arriba.

 

No merece la pena corregirlos antes porque, como habrás visto, hemos dado muchas vueltas al texto principal desde entonces y el 90% del trabajo hubiera sido en vano. Si las horas de trabajo perdidas te molestan en la oficina, ¡evítalas en tu novela!

Encontrar y subsanar tus errores habituales

Todos tenemos errores en los que caemos una y otra vez. Cuando te ponemos en modo automático y dejamos que la musa nos guíe, nuestras manos trabajan solas, casi sin esfuerzo, y después, a la vuelta del trance, nos encontramos con algunas barbaridades que nos hacen desconfiar de nuestra vocación de escritor.

 

A mí, por ejemplo, me sale más natural hablar de nosotros, pero sé que muchas veces suena pedante, como si todo lo que me pasara a mí lo compartieran mi mejor amigo, la de la tienda de motocicletas y el sacristán de la parroquia. El párrafo anterior he estado tentada de editarlo para pasarlo a segunda persona, pero lo he dejado estar para que sirva de ejemplo.

 

Pero, ¿sabes qué? No es malo que cometas esos errores, todo lo contrario. Si durante el primer borrador escribes en ese estado de inspiración libre, no filtrarás estos errores recurrentes. Que aparezcan es señal de que has hecho bien tu trabajo y has escrito tus ideas tal y como te venían a la cabeza. ¡Enhorabuena!

 

Ahora bien, tienes que conocer cuáles son esos errores y anotarlos y tenerlos bien cerca cuando revises tus escenas. ¿Eres de los que describen mucho o más bien poco? ¿Tiendes a utilizar muchas acotaciones en los diálogos, o a veces te pierdes con quién está hablando en cada momento? ¿Abusas de un verbo o adjetivo en particular?


Si tu manuscrito se parece en algo a esta habitación es probable que aún tengas que hacerle un par de pasadas… El castillo ambulante (2004)

En resumen

Ya has visto todas las fases de revisión de tu novela.

Dividido así, todo el trabajo se hace mucho menos pesado y es mucho más eficiente, y cuando dispones de poco tiempo es fundamental aprovecharlo para lo que importa: acabar tu novela. No te agobies con cada coma, detrás del primer libro vendrán muchos más.

Así que, ya sabes, si acabas de terminar tu primer borrador, déjalo reposar un mes al menos y después léelo con atención, pero sin echar mano del boli rojo todavía: analiza los puntos fuertes y lo que podrías mejorar, plantéate las preguntas difíciles y respóndales con la mayor objetividad posible. Una vez tengas las soluciones para todos los problemas que encuentres, da igual el trabajo que supongan y lo difíciles que parezcan, empieza a reescribir.

Cuando termines con este segundo borrador tu manuscrito estará mucho más cerca de la imagen que tenías de él. Déjalo reposar otro mes más y trabaja en otros proyectos. Al finalizar el mes, vuelve a tu segundo borrador y reléelo con tu esquema en mano: ¿has logrado los objetivos que te habías propuesto? Si no es así, estás a tiempo de reescribir esas escenas que no han terminado de cuajar. Si está todo correcto, sigue adelante.

Ahora viene la revisión final de tu novela, en la que las cuestiones fundamentales están resueltas: el argumento funciona, los personajes evolucionan y conquistan a sus demonios y cada elemento clave ha sido delineado y prefigurado. Ahora lo que te ocupa son las palabras: la manera en que narras, tu estilo, la ambientación, los diálogos, las metáforas. Estas cuestiones se resuelven escena a escena, párrafo a párrafo, y por eso es mejor dejarlas para el final: no tendría sentido confeccionar el párrafo más elegante si describe una acción que no va a tener lugar (imagínate acicalarte para una fiesta cuando aún no has recibido la invitación).

Espero que este artículo te haya servido para que la revisión de tu novela sea un trabajo mucho más ligero y ordenado. Cuánto más organizada esté tu escritura, más libre te sentirás para dar rienda suelta a tu creatividad, porque dispondrás de las herramientas que necesitas para darle forma después.

Cuéntame: ¿en qué fase estás de tu revisión? ¿Qué métodos utilizas tú para editar tu novela?


2 Comments on “Las 6 fases de revisión de una novela”

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