Un truco de revisión fundamental: reciclar escenas

reciclar escenas
«Mata a tus queriditos, incluso cuando te rompa ese pequeño y egocéntrico corazón de escritorzuelo, mátalos.»
[Kill your darlings…]Stephen King

Cuánta razón tiene Stephen King. Pero ¡no hacía falta ser tan dramático!

 

Si cambias tu perspectiva sobre tu escritura y aplicas los consejos que te voy a dar, esta máxima de Stephen King te resultará liberadora. Te voy a enseñar un nuevo hábito que cambiará tu mentalidad y te hará que este mandamiento te parezca tan fácil de aplicar como el de respetar el domingo como día de reposo.

No funciona, pero es demasiado bueno para borrarlo, ¿qué hago?

Si quieres ser escritor profesional, debes ser capaz de hacerte la pregunta «¿esto funciona realmente?» y ser tu crítico más objetivo.


Has terminado el primer borrador y te encuentras en la fase de edición. Te topas con una gran metáfora, una descripción apabullante, un momento único… pero que tienes que eliminar porque no casa con lo demás: la metáfora es brillante, pero tiene un tono demasiado encumbrado para mantenerla en una escena humorística; la descripción es de un paisaje por el que ya no van a pasar tus personajes.

 

Entonces intentas adaptar lo demás para no tener que eliminar ese pasaje. Cambias el tono de la escena, o haces que un personaje rememore el verde de su pueblo natal. Es peor el remedio que la enfermedad. Después de mucho resistirte, acabas eliminando el pasaje, con el corazón en un puño.

 

¡No lo elimines! Pero tampoco lo mantengas tal y como está.

 

Tenemos muchísimo miedo a desprendernos de lo que hemos escrito porque solo nosotros sabemos lo mucho que nos han costado esas palabras. Pero no tienes por qué eliminar lo que te ha costado tanto sudor y lágrimas y tantas horas de suscripción a Netflix desaprovechadas.

 

Extrae ese pasaje conflictivo de tu texto y guárdalo en otro sitio.

 

Reciclar escenas sirve para tres cosas:

Te ayuda a ver si realmente el texto empeora en su ausencia. Si simplemente «ni empeora ni mejora», mejor dejar el pasaje fuera. Cada palabra debe hacerse valer para tener su sitio en tu texto.

Vences la resistencia a modificar tu texto: hay mucho menos en juego cuando extraes el pasaje conflictivo que cuando lo eliminas completamente, lo que imposibilitaría recuperarlo, y por eso la decisión es más fácil de tomar.

No pierdes un pasaje que podría servirte en otro contexto: si almacenas tus pedazos de escritura más inspirados, podrás recurrir a ellos en otro momento, en el mismo proyecto o en otro.

En caso de duda, extráelo de tu texto.

 

Haz control+x (cortar) para recortar el pasaje en tu procesador de textos y control+v (pegar) en otro sitio. Si trabajas en papel, arranca la hoja o tapa ese pasaje.

 

¿Cómo reaccionan el resto de las palabras y de las escenas a su alrededor en su ausencia?

 

Después busca algo mejor que llene ese hueco, si es que tiene que llenarse, pues muchas veces esos pasajes con los que nos calentamos tanto la cabeza son de relleno, no cumplen una función, y por eso nos cuesta encontrar un motivo para mantenerlos, por mucho que nos gusten.

¿Qué hago con el texto «extraído»?

Extraído. Esa es la clave. Elimina «eliminar» de tu vocabulario, como buen discípulo de Diógenes.

 

Puedes guardar ese texto en el mismo documento en el que estés trabajando, sobre todo si intuyes que podrías reutilizarlo en otra sección, o puedes dedicar una carpeta de tu ordenador o de un programa como Evernote o Scrivener para tenerlo a mano siempre que lo necesites.

 

Yo guardo mis textos temporalmente rechazados en el mismo documento de Word en el que trabajo, bajo el título «Para reciclar», y las ideas que no me sirven, en la carpeta de «Ideas» de Evernote, que reviso cada dos o tres semanas.

No elimines, guarda para referencia futura

Un buen sistema de almacenamiento te ayudará a aprovechar cada idea que tengas. No tienes por qué tirar nada.

Reciclar escenas, ideas o metáforas es la clave para que editar sea sencillo

Cuando cambias el hábito de eliminar, cambia también el pensamiento.

 

En lugar de eliminar, extrae el pasaje para ver qué efecto tiene sobre el texto. Si tu valoración es negativa, ten piedad y no lo mates, como te aconsejaba Stephen King, guárdalo.

 

Puede que nunca vuelvas a ver ese texto, que no le acabes de encontrar un uso, pero en el momento este acto de misericordia te habrá servido para evitar tomar una decisión difícil que de otra forma te hubiera generado mucha resistencia.

 

Si tu texto o idea son verdaderamente buenos, volverán a ti en algún momento y podrás adaptarlos a tus necesidades. Si no lo son, al menos no habrás tenido que empuñar el rifle contra el paredón de fusilamiento.

 

Es descorazonador invertir mucho tiempo en algo y darte cuenta de que no funciona. En mi trabajo como redactora me ha pasado recientemente con un slider que me curré para un cliente. El cliente me dijo: «está muy chulo, pero no pega con el resto de la página». A mí me encantaba, y por eso no quería ver que, efectivamente, no funcionaba bien donde estaba. Lo saqué del texto y lo vi claro, y le di la razón a mi cliente. Sin embargo, no me dolió demasiado «eliminar» el slider. Pensamos que podría aprovecharse en otro sitio en cuanto surgiera la oportunidad. La página mejoró y el slider tendrá su lugar, pronto, en un post.

Revisa tus ideas en busca de oportunidades para reciclarlas

Según el método de productividad Getting Things Done (sobre el que hablaré más adelante, porque se puede aplicar fantásticamente a la rutina de un escritor), la revisión de lo anotado es fundamental.

 

Las ideas que no revisas las acabas perdiendo: no sabes que las has tenido o las tienes muchas veces creyendo que cada vez es única.

 

Por eso, encuentra un tiempo a la para ti cada dos semanas aproximadamente y echa un vistazo a tus notas, para recordarte qué tienes almacenado y conectar una necesidad del presente con algo que ya trabajaste en el pasado.

 

Puede que te sientas tentado de borrar algo: quizá es porque con el tiempo has logrado ver que realmente no sería útil. Si estás completamente seguro, hazlo, pero si no, recuerda que las ideas apenas ocupan lugar en los ordenadores hoy en día.

 

A mí me ha servido con algunos textos de Writermuse. Ideas sobre la musa y la sirena que no podía utilizar en un e-book las he recuperado cuando me han hecho falta, en otros posts y páginas. Eran textos buenos, pero que resultaban excesivos: ¿para qué necesita el lector otra analogía más, si con la primera le ha quedado claro? Me gustaban tanto que no podía borrarlos, y por eso los guardé, y más adelante les encontré un hueco.

¿Y tú? ¿Qué haces para combatir a la sirena cuando te manda borrar algo?

 
Feliz día haciendo lo que te gusta. 🙂

 

Autor

Marta Tornero Rubio

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Marta Tornero Rubio es asesora literaria y correctora en WriterMuse, donde comparte herramientas, recursos y estrategias para escribir con toda tu creatividad. Si te bloqueas al escribir o el resultado te desanima, pásate por WriterMuse; escribir tu mejor novela está a tu alcance. Apúntate a su centro de recursos de escritura creativa para saber cómo.

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2 Comments on “Un truco de revisión fundamental: reciclar escenas”

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