Reencuentro con Terence McKenna

#Inspiración. Este post inicia lo que será una serie de posts dedicados a compartir mis fuentes de inspiración con quien pudiera necesitarlas para su propio proceso creativo o vital, que yo entiendo como sinónimos. Espero que los disfrutes y que, si este es un momento en el que un cambio de perspectiva es lo que andas buscando, este post u otros de la serie te puedan sugerir nuevas direcciones. Gracias por leerme.

Si alguien me pregunta a qué me dedico últimamente y tengo confianza (es decir, la relación ha trascendido el "Nada, a lo de siempre"), le contaré sobre mi pequeña obsesión, totalmente intelectual (por desgracia y por el momento), con el mundo de los psicodélicos en general y con Terence McKenna en particular. No es algo que me venga de nuevas. Es curioso cómo ciertos temas, ciertas inquietudes, símbolos o arquetipos, vuelven a la vida de las personas una y otra vez y pasan a configurar quienes son en última instancia.

Hace más de diez años, cuando el eMule era la herramienta predilecta de los piratillas, me hice con la colección completa de libros, películas, workshops y charlas del etnobotánico Terence McKenna. Recuerdo escucharlo con absoluto asombro, hechizada por su elocuencia y su erudición. Que hablara sobre dimensiones completamente ajenas a mi experiencia, estados alterados de conciencia y sustancias como el DMT, la Ayahuasca, el hongo Psilocibe y demás era para mí secundario; de hecho, por entonces ni me planeaba que aquello de lo que hablaba pudiera tener algo que ver conmigo.

Mi reencuentro reciente con McKenna lo debo a la casualidad (como casi todo en la vida) y al afán de encontrar algo que me ayudara a penetrar en el inconsciente, inspirarme y soñar despierta, dar alas a la imaginación. Limpiando montañas de ficheros en el ordenador encontré aquellos viejos clips del bardo contemporáneo y empecé a escucharlos de nuevo. Jamás me hubiera imaginado lo que iban a depararme, y aún no me lo llego a imaginar en su totalidad.

Pero ¿quién es Terence McKenna? Hace diez años desconocía por completo la biografía de McKenna, así como tampoco comprendía realmente de lo que estaba hablando, en qué consistía la contracultura, o qué podían ofrecer al mundo los psicodélicos y la exploración de la psique individual. Cuando empecé a escucharle, McKenna no era para mí nada más que un bardo, un narrador hechizante, carismático y divertido, que ponía en marcha mi propia fantasía, que facilitaba el proceso creativo y llenaba la vida de misterio. Al reencontrarme con él apenas unos meses atrás, McKenna espoleó de nuevo mi fantasía, tal y como esperaba que hiciera, pero además empezó a decir cosas que no recordaba haber escuchado antes, cosas que tenían mucho sentido y que no entiendo cómo pude haber pasado por alto a los 19.

Medio año después, tras mucho (pero siempre insuficiente) investigar, McKenna vuelve a ser lo que era en sus inicios: un bardo, una figura hecha de fantasía que alienta la imaginación propia. Y las cuestiones que me hizo plantearme todavía siguen conmigo y es posible que me acompañen aún durante mucho tiempo.

Entonces, ¿quién es este bardo moderno? ¿Merece la pena escucharle?


Terence McKenna (1946-2000) fue un etnobotánico y orador que tuvo una enorme repercusión en el movimiento psicodélico de los años 80 y 90, un par de décadas después de la movida hippie y de Tim Leary. Encarnaba la faceta intelectual de la contracultura psicodélica y fue uno de los precursores de la teoría de las plantas visionarias, en particular de los hongos Psilocibe, como catalizadores de la evolución del Homo sapiens. En su libro Food of the Gods expone todos los detalles, aunque también se le puede escuchar hablar de ello en muchas de sus charlas. Sin embargo, esta teoría probablemente perteneciera a su hermano Dennis, con quien Terence compartió sus primeras aventuras etnobotánicas poco antes de lanzarse a la carrera de orador. Aquí empieza una de las sombras de esta personalidad arrolladora. La otra sombra, si no más siniestra, sí más triste, viene un poco después.


Otra de sus teorías, la que le hizo famoso, es la Timewave Zero, y resulta de un prolongado viaje psicodélico que experimentaron los hermanos McKenna en el Amazonas en los años 70, en el emplazamiento de la Chorrera, con grandes cantidades de hongos Psilocibe. De esta experiencia nació el libro Invisible Landscapes, y años más tarde la reelaboración True Hallucinations. McKenna interpretó aquella experiencia como un encuentro con el Logos, la voz de la inteligencia universal, la mente de Gaia, que le instruyó para que precipitara el "objeto trascendental al final del tiempo", como él llamaba a la piedra filosofal, el mesias o el apocalipsis. El Logos le sugirió que el i-Ching, el antiquísimo libro oracular chino compuesto de 64 hexagramas, era en realidad un mapa del tiempo, o más concretamente del factor de "novedad" a lo largo del tiempo.

McKenna estuvo trabajando durante años en la teoría de la novedad y su mapa del tiempo basado en el i-Ching, y creó a partir de este una gráfica con propiedades fractales que comercializó como un software, con sus versiones y parches periódicos, en los albores de la era de la información. El mapa que elaboró prometía describir los momentos de máxima y mínima novedad (entendida como una cualidad del tiempo definida como creatividad, disrupción y cambio) a lo largo de la historia, en el pasado y el futuro de la humanidad y el universo. Muchos de los picos y valles de esta gráfica de hecho coincidían con momentos clave en la historia de la Tierra, como la aparición del Homo Sapiens o el surgimiento de las primeras civilizaciones. Uno de los puntos más significativos de su teoría fue que establecía el punto de máxima novedad, entendido como final de la Historia y del mundo como lo conocemos, el momento en que ese objeto trascendental se manifestaría, el día 21 de diciembre del 2012, coincidiendo con el fin del calendario maya.


Si te parece una idea extravagante, es porque lo es. Cualquier otra persona que hubiera presentado una teoría así ante el público habría quedado en ridículo en el mismo momento en que abriera la boca, pero McKenna tenía tal capacidad oratoria que podía convencer a casi cualquiera.


No fue así con muchos de sus amigos, especialmente Rupert Sheldrake y Ralph Abraham, ni con su hermano Dennis, quien también vivió la experiencia psicodélica de la Chorrera, pero acabó elaborándola de una manera totalmente distinta e inició a partir de ella una carrera científica muy productiva en el campo de la etnofarmacología. Sus amigos intentaron que Terence abordara desde un marco científico los conceptos y los números que manejaba; sin embargo, McKenna había dedicado más de una década a desarrollar su teoría y había puesto en ella todas sus esperanzas y el recuerdo de una experiencia psiquedélica que rozaba lo sobrenatural y que no podía integrar de ninguna otra forma. El Logos le había hablado, presentándole un mapa del tiempo, y no había otra explicación para lo que sucedió en la Chorrera, ni tampoco había otra justificación para hacer lo que hacía. De modo que durante toda la década de los 90 estuvo de gira por Estados Unidos hablando de Timewave Zero y del fin del mundo, pero también de alquimia, chamanismo, filosofía, lingüística, psiconáutica, etnobotánica... Charlas fascinantes, que demuestran una gran erudición en multitud de campos, pero sobre todo una capacidad extraordinaria para contar una buena historia.


Doce años después de la muerte de Terence, en el año 2012 que no terminó con el mundo, su hermano Dennis publicó su libro Brotherhood of the Screaming Abyss. La historia de Dennis es una historia también interesante, pero mucho más cercana a la tierra, que revela que la figura de Terence podría haber sido más trágica de lo que habíamos sospechado.

Dennis deja entrever que probablemente el propio Terence hubiera dejado de creer en su teoría de la novedad y Timewave Zero incluso antes de sus giras en los años 90, posiblemente a raíz de la objeción a la teoría que un matemático, Matthew Watkins, había elaborado en 1989 y que, pese a todos los intentos de McKenna y de sus seguidores de refutarla, se había establecido como evidencia sólida de que la teoría de la novedad no tenía ningún fundamento, no desde luego como mapa del tiempo ni como modelo de predicción. Pero Terence siguió montando workshops y seminarios y haciendo tours y concediendo entrevistas, porque para aquel entonces se había asociado tan estrechamente a esta teoría y muchas otras de sus extravagantes ideas que ya no podía abandonarla sin más, porque haberlo hecho hubiera supuesto morder la mano de quien le daba de comer. Cuando en 1997 Samten Dorje le preguntó si de verdad creía en la teoría de la novedad y el fin del mundo en el 2012, McKenna respondió, "con una sonrisita", que "pagaba las facturas". En aquella época, posiblemente turbulenta, se divorció de la etnobotánica Kathleen Harrison, con quien había iniciado el proyecto Botanical Dimensions, del que ahora ella es presidenta. Harrison fue y continúa siendo una figura muy notable en el panorama psicodélico actual.

También es probable que en aquellos años hubiera dejado de consumir, o que consumiera con mucha menor frecuencia, los psicodélicos que tanto promovía en sus charlas y giras. Tuvo un mal viaje, un viaje terrorífico, que le reveló "un abismo de desesperación existencial", una "falta de todo significado", según le relató a Kathleen entonces. No lo compartió con nadie más y solo se hizo público cuando Dennis publicó su versión de la historia en Brotherhood of the Screaming Abyss.

McKenna, que durante todo aquel tiempo había estado predicando a sus seguidores que no siguieran a ningún gurú, que pensaran por sí mismos, que confiaran en su propia experiencia e intuición y, ante todo, que experimentaran en su propia carne las realidades trascendentales que abrían los psicodélicos, de repente se había convertido en todo aquello que había rechazado de pleno. La tensión resultante de estas contradicciones, sostenidas a lo largo de toda una década, podría ser la causa subyacente de ese tumor cerebral altamente agresivo que en cuestión de meses acabó con él en el año 2000. Él temía que hubiera sido su consumo de marihuana o de psiquedélicos, pero los especialistas con los que consultó lo negaron.


En un diálogo con Ram Dass, un gurú contemporáneo de la Nueva Era, este le dijo a McKenna: "Tu vida es tu mensaje". McKenna le contestó: "Mi vida es un desastre. Mi mensaje es mi mensaje". Dennis habla en su libro de cómo su hermano Terence "desde una edad muy temprana estaba siempre en el centro de todo, era productor, director y estrella de su propia película, y los demás eran actores de reparto". Según cuenta Dennis, Terence tenía dificultades para empatizar con los demás y una vez tenía un conflicto con alguien lo incluía en su lista negra, para no volver a tratar con esa persona jamás, o al menos no volver abrirse a ella emocionalmente. Le sucedió con su padre, a quien nunca le perdonó ciertas escenas de su vida de niño, y con sus tíos, con quienes no volvió a hablar después de que les contaran a sus padres que había estado experimentado con drogas. Aquello sucedió en su adolescencia, y los mantuvo al margen de su vida hasta su muerte.


Para una persona que profesa desear una vuelta a una sociedad comunal, solidaria y afectuosa, resulta extraño que su vida personal estuviera en semejante desorden. Pero no, no resulta tan extraño cuando has visto una y otra vez en los demás y en ti mismo contradicciones que deberían ser imposibles pero que son perfectamente humanas. Lo que sucede en el caso de figuras públicas como Terence McKenna es que esas contradicciones, cuando salen a la luz, resultan difíciles de perdonar.


No obstante, creo que su comunidad ideal, de la que la comunidad psicodélica apenas era un principio de ese sueño, lo hubiera podido perdonar si se hubiera atrevido a hablar abiertamente de lo que pensaba y sentía.


Creo que, en última instancia, a McKenna le pudo el Ego, ese espectro que, según él, las sustancias psicodélicas hacían patente y disolvían. Tiene sentido que hubiera dejado de tomarlas en aquellos años, porque seguramente lo que le hubieran enseñado, que no era más que las profundidades de su mente, no le hubiera gustado nada. Tal vez estaba lleno de miedo, y por eso se encontró con aquella "falta de todo significado".


Cuento aquí todo esto porque aunque el mensaje de McKenna es su mensaje, también su vida es un mensaje enriquecedor, si sabemos leerla con atención. McKenna estaba obsesionado con las entidades que poblaban los mundos psiquedélicos, y llegó a elaborar teorías de los hongos como alienígenas, los platillos volantes como señales de una realidad resquebrajándose y los seres del DMT como elfos mecánicos que buscan ayudarnos a evolucionar el lenguaje hacia una modalidad visual.

Sí, y esto no es lo más raro que decía.

Sin embargo, resulta notable que McKenna desdeñara el LSD por ser una droga que concernía sobre todo la contemplación de la propia mente y no tratara con esas realidades paralelas, alienígenas y elfos. Quizá, y aun después de tantos años de consumo, McKenna había hecho mal uso, o un uso incompleto, de lo que los psicodélicos le ofrecían: la posibilidad de comprenderse mejor y, como resultado, ser mejor.


En la última conferencia en la que participó, la AllChemical Arts Conference de 1999, McKenna expresó lo siguiente: "Si los psicodélicos no sirven para facilitar una comunidad moral, no sé qué sentido pueden tener. No seremos más que otro culto". Es posible que se diera cuenta hacia el final de su vida del error que había sido poner tanto énfasis en objetos trascendentales y descuidar los valores más humanos que decía debían promover los psicodélicos.


¿Merece la pena escucharle, después de todo esto? Sí, sin ninguna duda.

Esto es lo que he comprendido después de conocer su vida, sus sombras, y qué relación guardan con su mensaje. Fue y es un bardo excepcional y sus palabras siguen reproduciéndose en miles de vídeos de youtube, llegando hoy a mucha más gente de la que nunca le conoció cuando vivía. Su mensaje ecologista, humanista y defensor de la autodeterminación individual tiene hoy total vigencia, aunque quizá sea más urgente que entonces e igual de divertido e irrisorio. Yo me quedo con todo eso, y con su Magic Mushrooms Grower's Guide, libro de cabecera para todo buen psiconauta.


Antes de irme, te dejo aquí algunas de las frases de McKenna que más han resonado conmigo, y el enlace a tres de sus charlas con subtítulos en español. Encontrarás muchas más en Youtube si te ha picado la curiosidad.


"El gran problema que hay en el mundo es que no podemos sentir las consecuencias de lo que estamos haciendo (...) La única manera de hacerlo es disolviendo las barreras que la cultura y la tradición nos han permitido crear."

"No me necesitas a mí, a Tim ni a nadie. Responsabilízate de tu realidad metafísica, date cuenta de que eres el microcosmos del macrocosmos, júntate con gente afín a ti y procede. Es así como se gestan las revoluciones políticas."

"Estamos enfermos y necesitamos una intervención farmacológica [sustancias psicodélicas]. El ego nos está permitiendo cometer un suicidio lento"

"No veas la televisión. Cuando estás viéndola, no estás en el centro de las cosas"

"El alcoholismo no es una enfermedad, es un fallo de autoimagen (...) Los psicodélicos muestran a la gente lo que están haciendo"

"El nacimiento de una nueva humanidad va a tener lugar y tenemos que tomar ciertas decisiones: cuán violento será el nacimiento, qué repercusiones tendrá en nuestra madre la Tierra, qué forma tendrá el bebé que nazca... Estas son decisiones que los artistas pueden mediar y controlar"

"Los psicodélicos son ilegales no porque un amable gobierno está preocupado porque te puedas tirar de un tercer piso. Los psicodélicos son ilegales porque disuelven las estructuras de opinión y los modelos de conducta y de procesamiento de la información que ha establecido la cultura. Te abren a la posibilidad de que todo en lo que creías hasta ese momento fuera erróneo."


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