Son demasiadas las cosas

Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.

Jorge Luis Borges: Elogio de la sombra
¿No son demasiadas las cosas?, ¿cada vez más demasiadas? Ya lo eran antes de internet (Borges escribía el Elogio de la sombra en el 69) y solo han hecho que multiplicarse exponencialmente. Ahora hay una abundancia sin medida, tanto en el mundo físico como en el digital. Noticias (falsas o verdaderas), artículos de opinión (que se asemejan a lo anterior), posts, tuits, microrrelatos (que siempre me parecieron el consuelo del escritor que no quiere escribir), películas, series y documentales, canales de Youtube interesantísimos (también los de gatetes), cursos online, grupos de Facebook, perfiles de miles de seguidores y perfiles que aún no tienen ni cien, pero aspiran secretamente a la grandeza. Una ingente biblioteca de Alejandría que cada día se duplica, invisible, en el corazón de una vasta red de servidores. Y en el mundo real (no sé si es "real" la palabra más adecuada): anuncios, cafés con corazones espumosos, folletos, vendedores callejeros, matrículas, muebles, tipografías, opiniones, manadas de bicicletas, precios, ¡gente! Mucha gente. Y libros... muchísimos libros, clásicos y contemporáneos. Imposible leerlos todos. Por cada uno que leo, aparecen tres más en mi lector de ebooks.
 
A veces me preguntan si no he escrito nada, si no he publicado algún relato o novela. Hoy en día escribir y publicar son casi sinónimos, porque ya solo uno mismo es el custodio de su obra. Puede publicarse, y de hecho se publica, cualquier cosa, porque muchos escritores solo quieren verse publicados sin preguntarse si su obra agrega algo, sobresale de esta plétora de cosas.
 
He escrito alguna cosa. Desde la adolescencia vengo escribiendo intermitentemente, y desde hace unos años escribo a diario. Tengo un buen puñado de relatos y dos novelas en una carpeta del ordenador. Solo he impreso una. Sé que son tremebundas, y las miro con una mezcla de rencor y compasión, porque se han llevado muchas horas para nada. Pero ellas no tienen la culpa; de hecho, son necesarias. El escritor tiene que empezar por algún sitio a aprender el oficio y desarrollar la sensibilidad, y a mí aún me quedan por lo menos diez novelas más. En realidad estoy agradecida a esas primeras novelas por aguantar todas mis torpezas.
 
No es falsa modestia, te aseguro que son terribles. Algo hay que puede salvarse porque es imposible escribir tanto sin acertar un par de párrafos o imágenes, pero en conjunto no merecen la pena. Tampoco creo que sea demasiado crítica conmigo misma, solo lo justo para no contentarme con cualquier cosa y aspirar a publicar algo que a mí me satisfaga. Solo el tiempo podrá decir si la plétora de cosas se lo traga o no; eso ya no está en mi mano.
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2 Comments on “Son demasiadas las cosas”

  1. Un entrada personal que desde luego trasmite muchas cosas para los que apenas empezamos a escribir. Son demasiadas cosas, la época actual parece mirar con recelo todo aquello que precise soledad y pensamiento. Se nos mide por el número de cosas que hacemos y se pueden cuantificar.
    Desde luego, todo lo que se ha escrito, aunque no publicado, es necesario. Solo el placer que sentiste al hacerlo ya vale su peso en oro.
    La mejor de nuestras historias siempre está por escribir.
    ¡Saludos! Y aprovecho para darte la enhorabuena por tus excelentes y completas entradas publicadas y que consulto con frecuencia.

    1. Hola, David! Muchas gracias por tus palabras. Aprecio mucho tu comentario y esta pequeña conexión que se ha establecido por un instante de escritor solitario a escritor solitario (o al menos yo lo he sentido así, también es posible que me haya levantado un poco melodramática).

      Al releer ahora esta entrada me parece que transmite un pesimismo que realmente no siento, pero la voy a dejar así porque si tuviera que rehacer todo lo que escribo no escribiría nada nuevo. 🙂 En realidad, siento más bien que es necesario como escritor estar dispuesto a cocer a fuego lento y, sobre todo, disfrutar de ese proceso tan dilatado. Se nota cuando una obra se ha hecho “vuelta y vuelta”, y se aprecia también cuando algo es el resultado de un trabajo mucho más prolongado, no solo del texto en sí sino también del escritor a nivel personal.

      Escribo esta entrada también por si hay alguien ahí fuera como yo que pueda pensar que nada de lo que ha escrito vale un pimiento. Como tú dices, todo lo que se ha escrito, aunque no se haya publicado, es necesario. No solo porque son los “peldaños torpes, las errantes galerías” (cito otra vez a Borges, me gusta demasiado este hombre) a una obra madura, sino también porque escribir, como cualquier arte, es una necesidad y un mecanismo para entender y sublimar nuestras experiencias, así que… ¡a escribirlo todo, por terrible que sea!

      Un saludo y un abrazo, David 🙂

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