Súper guía de corrección literaria: ¿listo para publicar?

Este artículo pertenece al proyecto WriterMuse: creatividad para escritores, que finalizó en septiembre 2018. Encontrarás todos los artículos publicados bajo la etiqueta WriterMuse. Si te preguntas qué fue de WriterMuse, he escrito un artículo para contártelo; en el mismo podrás bajarte, además. todos mis recursos de escritura creativa.

Si has terminado con la fase de reescritura de tu novela o relato y has conseguido contar la historia que llevabas dentro, es hora de que te adentres en la siguiente fase de revisión: la corrección ortotipográfica y de estilo.

 

En esta fase todos los problemas estructurales están resueltos: la trama avanza de principio a fin, los personajes están bien caracterizados y evolucionan, todas las escenas tienen un propósito, etc. Si todavía te queda algún fleco suelto no entres en esta fase aún, pues es posible que la revisión afecte a varias escenas y pierdas el trabajo minucioso que habías hecho.

 

Si ya estás listo, ¡vamos allá con la súper guía de corrección literaria!

 

No desesperes, si corriges tu manuscrito punto por punto no habrá necesidad de prenderle fuego.


Corrección ortotipográfica

La lista que viene a continuación comprende los problemas más usuales de ortografía y tipografía que me encuentro al corregir (no todos, claro, porque si no escribiría un manual y ya hay muchos excelentes). Si reconoces haber cometido alguno de estos errores, anótalo y tenlo cerca mientras realizas la corrección literaria y da una pasada a tu manuscrito centrándote en él exclusivamente.

Aposiciones y comas

Hay que diferenciar entre aposiciones explicativas y especificativas. Las explicativas añaden información que no es necesaria para entender el enunciado; las especificativas dan información necesaria, sin la cual no se entendería o se entendería de otra forma la oración. Las aposiciones explicativas van entre comas y las especificativas no.

 

  • «Mi abuelo, que es muy generoso, me dio cien euros por mi cumpleaños.» (Si eliminas «que es muy generoso», la oración se entiende completamente; no especifica de qué abuelo se trata).
  • «La niña que sale en la foto es mi abuela. (Si eliminas «que sale en la foto», no sabemos a qué niña se está refiriendo la oración; es especificativa).

Tipografía de los parlamentos

Los parlamentos de los personajes separados de la narración se introducen con una raya larga o corta: – o —, no por un guion ni comillas (en la edición típicamente española, la inglesa es otro cantar). Si los parlamentos están insertados en un párrafo de narrativa, utilizamos comillas.

-Pásame la sal, ¿quieres?
–Pásame la sal, ¿quieres?
Ana me pidió la sal y me dijo: –Te ha salido un poco soso.
Ana me pidió la sal y me dijo: «Te ha salido un poco soso.»

Si tu cabeza es un revoltijo de letras y signos de puntuación, es normal. Crea una lista con las que dudes más y corregirás mejor.

Comillas

Las comillas que utilizamos en castellano son las angulares en primera instancia, seguidas de las dobles y estas de las simples. Ejemplo: «Martina me dijo “eres una zarrapastrosa y una ‘muerdesartenes’” y yo no supe qué contestarle».

Vocativos

Los vocativos son los sustantivos que sirven para llamar o nombrar al interlocutor, y siempre se separan mediante comas.

Escucha jovencito.
Escucha, jovencito.

Comas fuera de lugar

No debe haber comas entre el nexo y la oración subordinada (primer par de ejemplos) o entre el sujeto y el predicado (segundo par).

Ya te decía yo, que no era un buen tipo.
Ya te decía yo que no era un buen tipo.
El perro que nos persiguió, era un pastor alemán.
El perro que nos persiguió era un pastor alemán.

Pero sí que verías comas en este caso: «El perro, grande y fiero, nos persiguió», al tratarse de una aposición explicativa.

 


Debería ser «Más amor, por favor»: la coma es un modificador oracional. (Pero lo importante es la intención).

Tildes en palabras dudosas

Palabras que según su función llevan tilde o no tienden a causar problemas: aún-aun, que-qué, por qué-por que-porque-porqué, etc. El corrector de textos del ordenador no siempre te podrá ayudar, así que te recomiendo que vayas una por una con la función de búsqueda y examines el contexto para determinar si está bien puntuada.

Aún así, no quiere estudiar. No sé por que me molesto.
Aun así, no quiere estudiar. No sé por qué me molesto.

Ortografía obsoleta

«Solo» ya no lleva tilde en ninguna de sus acepciones, ni tampoco los demostrativos «este/a», «ese/a», etc. La RAE se dio cuenta de que la regla original era un error y eliminó la necesidad de la tilde diacrítica en estos casos, pero mucha gente todavía la utiliza por costumbre o idiosincrasia. Un matiz: acentuar «solo» está permitido en caso de ambigüedad, pero se trata de un error cuando no hay confusión posible.

Concordancia

Es un error establecer una concordancia con el verbo haber en el sentido impersonal para indicar la existencia de algo. Como impersonal no debe concordar en número con aquello que indica y se escribirá siempre en 3ª persona singular.

Habían unas llaves sobre la mesa, ¿eran tuyas?
Había unas llaves sobre la mesa.

Había también un montón de candados (¡no habían!). (Qué manías románticas tiene la gente).

Adverbios y adjetivos posesivos

Escribir «detrás mío» o «delante tuyo» es incorrecto: adverbios como detrás, delante, cerca, debajo, encima, etc. no pueden usarse con adjetivos posesivos. El error viene de equiparar el complemento preposicional introducido por de con el posesivo, que solo determina sustantivos. Se puede cambiar «un amigo suyo» por «su amigo», pero no «detrás suyo» por «su detrás»: haz la prueba para comprobar si estás utilizando correctamente el posesivo.

Gerundios

El gerundio en castellano indica solo simultaneidad o anterioridad. Por obra de malas traducciones y de la influencia del inglés cada vez vemos más gerundios fuera de lugar. Estos gerundios puedes corregirlos fácilmente con una oración coordinada: «Fulanito hizo aquello y luego hizo lo otro». El gerundio nunca debería ser posterior, esto es un error gramatical. Un truco para que caces estos gerundios erróneos es insertar la palabra «después»: si los hechos se suceden en ese orden, es que el gerundio está mal.

Manuel pasó la aspiradora, fregando el piso (después).
Manuel pasó la aspiradora y fregó el piso después.
Manuel pasa la aspiradora escuchando música (esto sí es simultaneo).

Infinitivo por imperativo

Seguro que has oído alguna vez lo de «Venir aquí ahora mismo» o «Ir al súper a comprar bebidas», «Poneros el abrigo que hace fresco». La forma correcta sería «venid», «id» y «poneos», respectivamente. Sin embargo, su uso es tan frecuente que la RAE está empezando a aceptarlo: ahora «iros» es correcto, pero con matices.


¿Tú también, Peppa Pig? ¿Esto es lo que les estamos enseñando a los niños? ¡Hay que respetar los imperativos! © El Confidencial.


Corrección de estilo

Las normas que he listado en la sección de corrección ortotipográfica son obligatorias, mientras que las que vienen a continuación son recomendaciones que dependen mucho del contexto. Igual que antes, el truco aquí es adquirir consciencia de estos problemas en tu escritura. Si sabes que cometes alguna de estas faltas, durante esta fase de la corrección literaria da una o varias pasadas a tu manuscrito en busca de cada uno de estos problemas de estilo.

Frases desordenadas

Seguir el orden lógico y natural de las oraciones (sujeto-verbo-predicado) suele ser la mejor opción. Alterar el orden natural puede ser válido si pretendes conseguir un efecto poético o satírico, pero si abusas de este truco el texto pierde naturalidad y el efecto deja de sorprender. La oración en un orden poco habitual llama la atención sobre sí misma y saca al lector de la historia, así que utiliza este efecto con precaución.

 

Exceso de conectores

Conectores como por tanto, no obstante, es decir, pese a todo… son marcadores del discurso menos habituales en ficción que en otros géneros. Son, además, señales de la presencia del narrador, de la que querrás deshacerte para que el lector pueda sumergirse en tu historia en primera persona.

 

Géneros como el del ensayo hacen que muchos escritores abusemos de estas ayudas discursivas, ya que nuestros profesores nos obligaron desde muy pequeños a utilizarlos en trabajos y exámenes. Por tanto (conector 😉), en ficción debes emplearlos con prudencia. La conexión en ficción es eminentemente semántica: unos párrafos se ligan a otros por el contexto de la acción. Limítate a narrar lo que sucede y verás cómo no hace falta conector alguno.

Cacofonías

La cacofonía es un efecto acústico desagradable que puede venir de una mala combinación de sonidos o de su repetición. La aliteración (como «Mi mamá me mima», que enseñamos a los nenes) puede ser aceptable o resultar en una cacofonía si el lector percibe el efecto acústico de forma negativa.

Debes tener cuidado con los efectos sonoros porque distraen y obligan a releer tus frases.

 

Si tu estilo es literario y poético, es posible que busques intencionadamente este efecto, pero la mayoría de problemas de cacofonía que encuentro se dan por la irrupción de frases puntuales excesivamente aliterativas en mitad de una narración sin pretensiones poéticas, y sin una justificación temática o de tono.

 

Puede que suene bien, pero no está dejando leer a la pobre señora. Pasa lo mismo con las cacofonías en tu manuscrito.

Pobreza léxica

La pobreza léxica se da por dos motivos: la repetición de palabras (cuando no buscas el énfasis o el paralelismo) y el uso de palabras con un significado extensivo (en las que cabe cualquier concepto, como «cosa», «hecho», «hacer», «algo», «realizar»). Utiliza la función de buscador de tu procesador de textos y pasa estas palabras por el filtro: ¿puedes encontrar una alternativa más concreta y, por tanto, evocadora?

Acotaciones recargadas

Las acotaciones del narrador en los parlamentos muchas veces sobran. Por falta de confianza en nuestra capacidad para transmitir emoción o por la influencia de un estilo en desuso como el de las novelas de Henry James, Thomas Hardy o Dickens, rellenamos nuestros diálogos con especificaciones –a veces redundantes y otras veces contradictorias– sobre el tono de voz y la emoción. Estos detalles llegan al lector naturalmente si eliges bien las palabras de tus personajes:

 

Por ejemplo: «–No me gusta que uses esas palabras, María –dijo su madre con voz amenazante» no suena amenazante, mientras que «–Si vuelvo a oírte decir esas palabras, María, se te va a caer el pelo –dijo su madre» sí lo es.

Lenguaje ampuloso

Curiosamente, utilizar palabras cultas tiene el efecto contrario al que creerías. En un estudio del año 2006 sobre el uso de vocabulario complejo en ensayos académicos (Daniel M. Oppenheimer) se descubrió que el lector consideraba menos inteligentes a los autores de ensayos que abusaban del lenguaje erudito, y que una escritura sencilla causaba una mejor impresión.

 

Es cierto que hay muchos autores que han escrito de forma compleja y deslumbrado a su audiencia, pero por cada uno de ellos hay un millar que la han ofuscado.

Clichés

Evita frases hechas, metáforas y analogías tan sobadas que han dejado de producir el efecto deseado, como «llovía a cántaros», «gobierna con mano de hierro», «negro como el carbón», etc. Normalmente serán las primeras que te hayan venido a la cabeza mientras escribías, y si las has dejado salir, ¡estupendo! (recuerda que debes permitirte cualquier cosa durante la etapa de escritura, o podrías obstaculizar el flujo de tu imaginación). Sin embargo, en la fase de corrección debes analizar todos estos clichés que has dejado escapar y darles una vuelta de tuerca (toma metáforas manidas 😉).

 

Es difícil ser tan cliché como una foto de un café con la leche formando un corazón, pero es que es tan bonito…

Abuso de sinónimos

Para solucionar la pobreza léxica que te señalaba arriba muchos autores aconsejan acudir al diccionario de sinónimos. Esto puede ser útil, pero me temo que no encontrarás muchos sinónimos útiles para «cosa» o «hacer», y volverás a caer en la vaguedad. Lo que necesitas es concretar la imagen o cambiar la repetición por una imagen diferente.

 

«Había perdido muchas cosas con la mudanza» puede ser «Había perdido su tren de juguete, el bolígrafo múltiple de los Minions y el unicornio de peluche que no echaba tanto en falta como les hacía creer a sus padres».

Acumulación de palabras

Stephen King aconseja recortar al menos en un 10% tu novela, y él no es de los que escribe novelitas de 100 páginas.

 

En lugar de «El laborioso y esforzado sirviente se entregó a la tarea de fregar y frotar la anticuada y cara vajilla de plata», podemos dejarlo en «El sirviente lavó los platos» o alguna otra combinación que destaque uno o dos detalles. No pretendas que una sola frase cargue demasiado peso. Por ejemplo: «El sirviente frotó cada ángulo y reborde de la vajilla de plata» llama la atención sobre la meticulosidad del sirviente.

 

La frecuencia con que aparecen adjetivos, adverbios y otros complementos en tu escritura es una decisión estilística, pero a menudo el exceso de unos u otros enmascara una falta de precisión de tus sustantivos y verbos, las palabras de mayor fuerza y concisión en un texto. A veces se trata simplemente de encontrar la expresión más precisa y otras veces es cuestión de eliminar sin contemplaciones.

 

Algunos ejemplos: en vez de «se lanzó contra él», puedes decir «se abalanzó»; en lugar de «comer rápidamente», «devorar»; «observar con disimulo» es «acechar» o «espiar»; «de un color rojo como la sangre» puede ser simplemente «rojo como la sangre»; «era una chica alta que rozaba el techo con la cabeza» es «era una chica tan alta que rozaba el techo» (la parte de la cabeza se puede sobreentender).

He hecho esta carta más larga de lo usual porque no tengo tiempo para hacer una más corta.Blaise Pascal

Esto sí que es acumulación y horror vacui. © Mi madre.

Más sobre corrección literaria

Estos son algunos recursos adicionales que puedes consultar para pulir tu manuscrito. De todos he aprendido alguna cosilla 😊.

En esta súper guía de corrección literaria hemos visto algunos de los errores más comunes con los que me encuentro en novelas y relatos de escritores noveles y también publicados. Muchos de ellos los puedes subsanar tú mismo antes de enviarlos al corrector o editorial, pero para corregir todos necesitas paciencia y perseverancia y estar dispuesto a revisar tu manuscrito muchas veces.

«Puedo arreglarlo» es un lema que debes enmarcar y tener siempre a la vista mientras escribes y corriges.

 

¿Y tú, cuál es el error que cometes más a menudo?

Comparte <3

2 Comments on “Súper guía de corrección literaria: ¿listo para publicar?”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *