4 trucos para revisar tu manuscrito en la primera fase

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Es normal que sientas unas ganas irrefrenables de prenderle fuego a tu primer borrador. No te preocupes: nada queda bien en la primera pasada (te lo digo yo que he tenido que darle cuatro manos de pintura al techo). Los errores, las faltas de ortografía, las inconsistencias, los pasajes que no dicen nada, los diálogos sosos… son normales e incluso deseables, pues indican que has trabajado con el lado creativo del cerebro sin detenerte a editar.

 

Hoy te quiero dejar cuatro trucos para revisar tu manuscrito que vienen de los informes de lectura que he realizado en los últimos meses. Si acabas de terminar tu primer o quincuagésimo borrador, estos trucos son para ti, y te ayudarán a darle una estructura sólida antes de pasar a la corrección «a pie de palabra».

 

Como te indicaba en Las 6 fases de revisión de una novela, evita por todos los medios corregir sin un plan, porque hay pocas cosas que cabreen más que tener que eliminar escenas que te habían quedado como los chorros del oro (por cierto, que llevaba toda la vida diciendo «chorros de loro» pensando que «Loro» era alguna marca viejuna de producto de limpieza; bendito Google, las cosas que le aclara a uno).


4 trucos para revisar tu manuscrito en la 1ª fase

La primera fase de tu manuscrito suele coincidir con el primer borrador o incluso con el segundo. Aquí debes centrarte sobre todo en problemas y soluciones que van más allá de la página individual que estás corrigiendo e implican a la novela como un todo. Cuestiones de estructura, caracterización, prefiguraciones, etc.

Revisa el plan de tu novela o confecciona uno

Este primer truco es el más evidente y el más importante, pero muchísimos autores noveles lo pasan por alto. Si has terminado primer borrador y todavía no sabes qué aspecto tiene tu novela vista a escala pequeña, los grandes relieves y depresiones que forman el conjunto de los capítulos, va a ser muy difícil que puedas revisar tu manuscrito con éxito.

 

Si has elaborado un plan antes de escribir, ahora es el momento de contrastar el plan con lo que realmente has escrito. Si te has desviado aunque sea mínimamente, recuerda que cada desviación tiene repercusiones que afectan a toda la novela, hasta en los rincones más recónditos, como el famoso huracán que provoca el batir de alas de una mariposa.

 

Si no has elaborado un plan, ahora es el momento de confeccionarlo. Revisa y anota cada escena con los sucesos principales, las promesas que le haces al lector, los personajes que participan, etc., y después lee atentamente tus apuntes: ¿encajan bien las escenas unas con otras?, ¿te has dejado tramas por desarrollar?, ¿dabas a entender algo que al final no se cumple?

Contrastar el plan con lo que has escrito te ayudará a detectar los fallos estructurales de un vistazo.

James Bond ha visitado todos estos puntos del mapa en una semana, pero él puede permitirse un jet y hasta un mago. Tú tendrás que revisar el plan.

¿Es necesaria esta escena?

Antes de empezar a tocar nada, debes revisar tu manuscrito al completo y analizarlo todo lo fríamente que puedas. Escena por escena, debes preguntarte si está justificada y sirve un propósito en la trama.

 

Clara Tiscar en Funciones básicas de las escenas indica tres funciones principales, las más importantes: informar al lector o al personaje, avanzar la trama y caracterizar. En mi lista esas son las tres funciones principales, pero aún hay más:

 

  1. Introducir o complicar un conflicto (principal o secundario).
  2. Proporcionar información que avance la trama.
  3. Profundizar en los personajes o en las relaciones entre los personajes.
  4. Resolver una situación positiva o negativamente (éxito o desastre).
  5. Mostrar la reacción de los personajes ante el conflicto.
  6. Dar un objetivo al personaje o personajes principales.
  7. Introducir al lector en el mundo.

Si la escena no hace ninguna de las siguientes cosas, elimínala (pero no la borres y la mandes al olvido, acuérdate de reciclarla).

 

Pruébalo. Coge una escena y sácala de tu historia. Hazlo con esa escena que te había quedado muy bien pero que en realidad no está relacionada con nada de lo que estás contando. Es más fácil eliminarla que intentar meterla con calzador y el efecto siempre será positivo.

Confía en tu intuición. Si tú no estás seguro de algo que has escrito, lo más seguro es que el lector tampoco lo esté.

 

Las primeras escenas de una novela son las que más a menudo enlentecen la narración. Plantéate si puedes empezar más tarde en la trama, después de la visita a la abuela, la mañana frente al espejo, la charla de la cafetería… lo que sea que estabas contando al principio. Si eliminas esas primeras escenas de introducción, ¿se pierde el lector algo importante? Leo bastante a menudo manuscritos que empiezan demasiado lento, demasiado pronto en la trama, perdiendo la oportunidad de crear un gancho poderoso con el que atrapar al lector.

 

¿Estás seguro de que la amigable charla en la cafetería añade algo a tu historia?

Añade las prefiguraciones

Las prefiguraciones son aquellos elementos que anticipan lo que va a suceder. Pueden ser tan sutiles como una palabra fuera de contexto o tan evidentes como una profecía. Los más sutiles el lector no los capta hasta la segunda o tercera lectura, mientras que los más claros son ostensibles desde el principio.

 

Una prefiguración puede ser un objeto, una situación, un tema, una sensación sobre la que el lector no repara, pero también puede reparar en ella sin comprender todos los detalles hasta el final. La prefiguración se desvela como tal y cobra sentido con el tiempo.

 

Por ejemplo, en El señor de los anillos vemos que Trancos tiene aires nobles y es reconocido por personajes de alto rango y poder, como Gandalf. Más adelante se entenderá que este montaraz no es un hombre cualquiera, pero Tolkien ya nos había dado pistas por su manera de actuar, sus conocimientos y sus conexiones. Esas pistas son las prefiguraciones.

 

Si eres un escritor de mapa y sabes qué eventos van a ser significativos, procura plantar indicios de lo que está por venir. Una novela en la que el comienzo y el final se tocan es una novela bien cerrada, que hará que el lector piense que lo tenías todo hilado desde el principio. A mí me da mucho gustito leer novelas así. ?

El truco para que tu novela sea un círculo perfecto en el que todo esté relacionado es añadir las prefiguraciones en la fase de rescritura.

 

Cuando escribes el primer borrador de tu manuscrito no siempre tienes la historia bien clara, e incluso cuando la tienes es normal que cambies de idea y des al traste con los planes. Ahora que ya has terminado con el primer borrador, revisa tu manuscrito y determina qué elementos, personajes, escenarios, temas, etc. que han resultado importantes podrías insinuar en la primera mitad del libro.

 

En inglés a las prefiguraciones se les llama foreshadowing y en castellano a veces se traducen como presagios. Yo prefiero prefiguración, «representación anticipada» porque no se asocia con la adivinación, como presagio. El lector no tiene por qué adivinar lo que va a suceder, aunque a veces sí que lo hace, depende de lo evidente que quieras ser; si tu prefiguración es muy sutil, no se dará cuenta hasta más adelante del significado de este elemento. En el caso de El señor de los anillos, las primeras referencias al secreto del montaraz son veladas: no son presagios con los que un lector primerizo pueda adivinar el desenlace.


Algo me indica que este mago es un impostor… lo prefigura la sudadera con cremallera, creo.

Reduce la exposición

La exposición es un tipo de narración que informa al lector de algo que debería conocer para entender la historia. Es muy común en los géneros de ciencia ficción y fantasía porque que el mundo al que se asoma el lector es diferente al nuestro o porque necesita saber algo de ciencia para entender la trama. También se da en otros géneros, como la novela histórica, cuando el autor pone al tanto al lector de acontecimientos y personajes reales que probablemente conozca solo de oídas.

 

La exposición sin un propósito en la trama es mala en el 99% de los casos, aunque no siempre ha sido así y no lo es en todos los géneros; pero la regla general es que al lector no le gusta que le entierren en datos porque sí. (Aunque hay lectores para todo. Yo no podía con los libros de Steven Erikson, que te enterraban en mitologías, cosmogonías y lenguajes inventados, mientras que un amigo mío los devoraba. Claro que es de esa clase de personas capaces de echarle diez horas a una partida de Risk).

 

En el caso de la famosa hexalogía de ciencia ficción Dune, la orden de las sacerdotisas Bene Gesserit es muy importantes, pero Herbert no nos desvela sus orígenes, sus métodos y sus costumbres desde el principio, sino que entrelaza esta información con escenas de acción y diálogo, y lo que necesitamos saber lo desvela poco a poco.

 
Otro ejemplo es El código da Vinci, que gestiona con bastante tino cantidades ingentes de exposición que, por otro lado, es interesante en sí misma. Pero la exposición nos llega a través de la voz de Robert Langdon y otros investigadores con los que se encuentra, no como comentario del narrador, y viene salpimentada con momentos de crisis.

 

Si quieres saber si te has excedido con la exposición, plantéate las siguientes preguntas:

 

  • ¿Tienes que detener la escena para explicar algo?
  • ¿Si eliminas la exposición, se entiende igual lo que está pasando?
  • ¿Cuánto espacio ocupa la exposición? Menos es más.
  • Si la exposición tiene lugar en un diálogo, ¿está explicándole un personaje a otro algo que ya sabe?
  • ¿Hay una manera más elegante de informar al lector? (mediante un diálogo, espaciando las piezas de información, mostrando el elemento en acción, etc.)

¿Tienes tú algún truco para revisar tu manuscrito de forma más eficiente? Me encantará oírlo.


About the Author

Marta Tornero Rubio

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Marta Tornero Rubio es asesora literaria y correctora en WriterMuse, donde comparte herramientas, recursos y estrategias para escribir con toda tu creatividad. Si te bloqueas al escribir o el resultado te desanima, pásate por WriterMuse; escribir tu mejor novela está a tu alcance. Apúntate a su centro de recursos de escritura creativa para saber cómo.

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3 Comments on “4 trucos para revisar tu manuscrito en la primera fase”

  1. Ah, las prefiguraciones. Ese momento en el que tu “vaya, otro Deus ex machina” se convierte en un “¡la leche, no me esperaba eso!”. Cuánto bien le puede hacer a tu novela anticipar el giro.

    Pero es eliminar la escena que sobra (aunque duela mucho, porque algunas son excepcionales) lo que hará que tu novela no sea mala. Y eso es un importante punto de partida. Les gustará a los lectores o no, pero ya no dirán que es mala.

    Muy buen artículo y a ver si quien lo lee lo toma en cuenta.
    ¡Nos vemos!

    1. Gracias, Carlos!

      Sí, en efecto, a mí es lo que más me gusta cuando leo: percibir una pista o la sombra de una pista, para que luego el autor me tumbe la sospecha y mucho más tarde me la confirme con un giro insospechado. Esto solo se consigue después de muchos borradores y de conocer tu historia muy bien, por lo que algunos escritores noveles se desalientan pensando que en su primer intento no hay nada del maravilloso arte que tanto han leído y disfrutado.

      Gracias por pasarte 🙂

  2. Pingback: Súper guía de corrección literaria: ¿listo para publicar? | WriterMuse

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